EP-FA: la única alternativa de cambio
Hoy la trasposición del eslogan de la UBD muestra crudamente la única alternativa que tendremos los orientales que quedamos, -los aquí residentes-, para cambiar el rumbo a partir del 2005.
Ahora el escenario tiene una gran claridad. Los viejos partidos tradicionales pelearán con uñas y dientes, -y todos los recursos largamente acumulados- para impedir, en octubre del 2004, que el Encuentro Progresista logre la mayoría absoluta que cierre el camino al balotaje, el último y postrer recurso de los otrora poderosos blancos y colorados.
Lo que les queda es pedalear contra la corriente, para lograr que el Encuentro no logre la mayoría en la primera vuelta, y fundamentalmente que no logre la mayoría parlamentaria absoluta, que podría permitirle gobernar sin tener que hacer transas con ninguna minoría, o verse embretados por viejos chantajistas. Eso no debe querer decir que no puedan ser llamados hombres o mujeres de fuera del Encuentro, porque deben ser llamados, como partidos o sectores, a controlar la marcha del estado, o como individuos, para ocupar los cargos donde sean necesarios. Aunque se tengan los votos no hay que hacer lo que han hecho con la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas.
Los coalicionarios que han aprendido a vivir como siameses tratarán de resistir, y como tienen vedado separarse recurrirán a operaciones publicitarias para tratar de ocultar una realidad política ya inocultable. Tratarán sí de mostrar distintos ropajes.
Pero cualquiera sea la alternativa que planteen electoralmente los grupos coalicionarios no deben llevar a engaño al electorado nacional.
Cualquiera sea el triunfador en cualquiera de los dos lemas en junio, y cualquiera fuera el ganador entre los dos seleccionados en octubre, sólo definirá a quien representará a la coalición gobernante actualmente en el poder, en un hipotético balotaje en noviembre. Ninguno de los sectores triunfantes llegará al 50% de las fuerzas coalicionarias. O sea que la coalición seguirá férreamente unida.
Seamos objetivos y realistas. En octubre lo único que se jugará es si el Encuentro Progresista gana el gobierno, o si deberá dirimir en noviembre esa opción con los coalicionarios.
En octubre puede entrar segundo el colorado,- quizás e hipoteticamente Stirling-; o el blanco,- probable y seguramente Larrañaga–; pero ni en filas blancas ni coloradas hay quienes sueñen en ganarle al Encuentro con fuerzas propias. Nadie puede hacerse trampas al solitario. Y ellos aunque siempre han hecho trampas, no las practican en la mesa común.
O sea que la misma coalición que nos ha gobernado hasta hoy tendría que hacer un nuevo pacto, similar o parecido a la parodia de 1999. Y no habrá cambio alguno.
Si, sorpresivamente, los colorados le ganaran a los blancos, habrá un nuevo pacto, lleno de buenas intenciones, con 15 o 20 puntos, de los que no cumplirán ninguno. Se colará algún artículo al dorso en el que comprometa la creación de algún nuevo Ministerio para otro Trobo, ya que nadie tiene la culpa de no salir electo.
Si, como prevén las encuestas, entre los coalicionarios ganan los blancos, habrá un pacto igualito, -estupendo y para no cumplir-, con la creación de algún nuevo Ministerio, para un Fau o un Cáceres, ya que todo ocurre como en vasos comunicantes. Eso sí: seguiremos con los cartelitos en las 4 por 4: «bajen el costo del estado».
Para ir haciendo futurismo, en base a los actuales pronósticos, hagamos lugar al recuerdo y a la comparación con los números de hoy. Y empecemos por refutar el aserto de que también hace cinco años los resultados de las encuestas eran los mismos a los de hoy.
En marzo de 1999 el Encuentro Progresista registraba, promedialmente, una intención de voto de un 30,32%, y hoy registra un promedio cercano al 48%.
Los colorados, -en el mismo ciclo comparativo-, registraban en marzo de 1999 un 24,82%, mientras hoy registran un 12%.
Los blancos tenían en marzo de 1999 una intención promedio de 23,52% y hoy registran, entusiastas, un 20% promedial.
En síntesis los encuentristas han aumentado de marzo del l999 a marzo del 2004 un 17,68%. En el mismo período los coalicionarios han bajado un 16,34%.
Nadie duda que la ecuación se ha invertido, pero los coalicionarios no habrán de entregarse. El botín es grande y ni los Peirano ni los Rhom dejaron de pelearla hasta vaciar la bolsa.
Hay más de dos mil cargos que apetentes y viejos y jóvenes coalicionarios y familiares deberían abandonar. Una derrota en octubre también los dejaría mal parados para las municipales del 2005. O sea que se juegan todo el patrimonio de prebendas y muchas otras yerbas. Y hace más de un siglo y medio que no matean con yerba secada al sol.
Por eso de aquí a octubre la lucha será muy dura. Inventarán argumentos y pondrán todos los recursos para no abandonar el barco, que –averiado y a media máquina– todavía les da cobijo.
Uno de los almirantes abandona el barco ahora tratando de que el barco no se hunda más rápido. El otro, que quedará en puerto en junio, se seguirá jugando para que el bote que lleve a los suyos quede bien provisto.
No hay que vender la piel del oso antes de cazarlo, pero también es cierto que hay que ir preparando el fogón para poder asarlo antes de que se descomponga.
Los orientales están bajo una alternativa de fierro. O cambiamos, o dejamos todo como está.
Los orientales, democráticamente, tienen la opción de que sigamos por el camino emprendido, u optemos por el cambio. Democráticamente tienen el derecho a equivocarse.
Y democráticamente también pueden cambiar el rumbo con un aluvión de votos, que pueda derrotar al poder acumulado por los mismos de siempre, aunque puedan presentarse hoy con ropajes renovados.
Así, tan claro como el agua. Muy claro. *
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