Seregni: por la puerta grande

La decisión del general Líber Seregni de alejarse de la vida pública acontece a sus 87 prolíficos años. Conociendo su forma de actuar sin duda fue una decisión prolijamente analizada.

Seregni hace bien. Se merece disfrutar del reposo del guerrero. Junto a Lilí y su familia seguirá gozando de cada instante de su existencia, sin dejar de beber la información diaria a nivel nacional e internacional. No podrá, sin duda, sustraerse de vibrar en cada hecho político o social que acontezca en el mundo.

Ocupó cargos militares desde 1936 a 1968 llegando al grado máximo de general. Amó entrañablemente esa carrera. Solicitó el pase a retiro por no compartir la aplicación de disposiciones represivas contra organizaciones sociales.

Su condición de analista, estudioso y comprometido con el mundo y la sociedad uruguaya le exigirá continuar opinando, aunque fuere en los ámbitos más reservados, familiares y amigos.

Cuando vi la presencia de Seregni en el IV Congreso Extraordinario del Frente Amplio, «Héctor Rodríguez», en diciembre pasado, comenté a mis compañeros: «esto es digno de un gran hombre y Seregni se va por la puerta grande del Frente Amplio, de la izquierda y sectores progresistas.»

Sólo alguien que se sienta profundamente comprometido con nuestra causa común es capaz de tener ese gesto de grandeza y magnanimidad. Los 1.500 delegados y la Dirección de la fuerza política nos conmovimos ante la presencia de Seregni quien, una vez más, concurría para saludarnos y respaldarnos al retirarse de la actividad pública. El aplauso cerrado de todos nosotros y los apretados abrazos era el reconocimiento a su trayectoria, a su inquebrantable ética, a su valor, a su bravura y sobre todo a su lealtad inquebrantable hacia el frenteamplismo, que él junto a tantos queridos hombres y mujeres –permítanme citar entre tantos al general Arturo Baliñas– lograron construir la esperanza, en aquel histórico y cercano 1971.

Sus palabras, en una oratoria improvisada, nos colmó de entusiasmo y emoción. Aportó una vez más a la UNIDAD. Lleno de energía y optimismo nos dijo: «Uruguay entero vive una verdadera etapa de transición social y política. Es un estado de conciencia colectiva. En este Congreso no sólo se marcó el contenido del cambio sino al piloto y copiloto (Tabaré – Nin) que van a conducir la nave del Uruguay».

Un líder necesita del calor de su pueblo; un líder además de guiar debe actuar con amplitud, generosidad y nobleza; un líder puede acertar en sus decisiones o equivocarse, pero siempre debe ser coherente con sus convicciones y actuar con honestidad.

Seregni, así lo ha hecho durante toda su vida.

Cómo no adherirme, entonces, al acto de reconocimiento al general Líber Seregni, que organizan queridos amigos, ex militantes estudiantiles, por su alejamiento de la vida pública y al cumplirse 20 de su liberación.

Recuerdo aquel 19 de marzo de 1984, cuando nos concentramos en Bulevar y Bulevar, debajo del balcón de su apartamento, para vivarlo y reconocer su sacrificio y su aporte lúcido durante los más de diez años de cárcel.

El 9 de julio de 1973 fue una demostración contundente de que la naciente dictadura sería, más temprano que tarde, derrotada.

Esa pueblada en 18 de Julio «a las cinco en punto de la tarde» selló la unidad de los uruguayos auténticamente democráticos y nos comprometió a resistir y vencer al régimen cívico militar. Allí estuvo Seregni con su plana mayor y fue detenido por casi once años y encarcelado en distintos puntos del país.

Desde la cárcel se ingeniaba para hacernos llegar su esclarecedora opinión, dentro de las cuales destaco: su definición estratégica a aplicar en esos tiempos difíciles para la salida institucional: concertación, movilización y negociación. Los dirigentes, integrantes o no de la entonces Mesa Ejecutiva del Frente Amplio, siempre apostamos a que esa orientación fuera ejecutada.

Otra decisión trascendente de Seregni fue la de propiciar, desde la cárcel, que el Frente Amplio votara en blanco en 1982, en las elecciones internas de los partidos políticos. La Mesa Ejecutiva del Frente Amplio acordó con dicha propuesta, logrando demostrar a todos los uruguayos que el Frente Amplio seguía latiendo y viviendo en los corazones de los compatriotas. A pesar de las proscripciones que pesaban sobre centenares de nosotros se expresaron más de 85.000 voluntades, que demostraron su capacidad de resistencia y la exigencia de abrir los cauces democráticos e institucionales lo antes posible.

Cuando se produce la libertad de Seregni se puede apreciar, una vez más, su grandeza para con la patria, que inclusive es reconocida por todos los partidos políticos. Dirigiéndose a la concentración espontánea que se había formado frente a su apartamento, no demostró odios ni rencores, sólo reafirmó con una entrega y modestia infinita: «Salgo con la conciencia tranquila como entré; salgo más firme, más convencido de nuestros ideales, más decidido que nunca y dentro del marco de mis posibilidades pondré hasta el último átomo de mis energías al servicio de nuestro pueblo».

El tiempo transcurrió, no se concretó el proyecto de unidad nacional al cual se habían comprometido los dirigentes de los partidos tradicionales. El esfuerzo realizado a través de la Concertación Nacional Programática (Conapro) fracasó por falta de voluntad política del primer gobierno posdictadura. Seregni siguió conduciendo con firmeza al Frente Amplio hasta febrero de 1996.

La permanente acumulación de fuerzas, Encuentro Progresista, Nueva Mayoría y un programa construido con la gente y con las bases, nos pone de cara a la gran responsabilidad de concretar los profundos cambios que la República necesita.

Todas aquella semillas que con tanto esfuerzo, mujeres y hombres como el General sembraron en nuestra tierra están a punto de germinar.

En nombre de los frenteamplistas y del pueblo uruguayo:

¡¡Salve General del Pueblo!! *

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