Cifras de seguridad social: impresentables

Una semana atrás el director Ariel Ferrari dio a conocer al país cifras sobre prestaciones sociales que reflejan un estado tal de deterioro del tejido social, que pone en serio riesgo la cohesión de la sociedad, y con ello un sustento fundamental de la democracia. Vale la pena insistir.

Ciento cuarenta y dos fueron los millones de dólares menos que percibieron jubilados y pensionistas; 11% fue el porcentaje en que descendieron los valores de las jubilaciones comparadas con el promedio del valor del total de jubilaciones existentes; 17 millones de dólares menos se pagó de cuotas mutuales, siendo 43.000 la caída del número de beneficiarios.

Todas cifras del año 2003 comparadas con 2002. ¡Mientras tanto, por IRP se recaudaron 20 millones más! La elocuencia de las cifras exime de mayores comentarios. No es sorpresa. Nuestros decisores económicos profundizan un día sí y otro también la transformación del Derecho Humano a la seguridad social en una herramienta financiera al servicio de la especulación. No en vano las AFAP hacen lobby para que se les autorice a invertir en el «pozo inmundo financiero mundial» como ha sido calificado. Son los mismos decisores que entienden por mejora de gestión del Estado, hacer los ajustes financieros para cerrar adecuadamente las cuentas, y así poder presentarse ante nuestros acreedores extranjeros como buenos alumnos.

Seguridad social herramienta financiera por un lado, achique de los gastos estatales por otro, configuran una mezcla explosiva. ¿Resultados? Ahí están los números. ¡Fresquitos y basados en datos ¡oficiales!

Detengámonos en la niñez y juventud. Niños muertos o enfermos de hambre forman parte de la rutina informativa. La industria de la época, carritos recolectores de basura donde se mezclan animales y humanos, con niños dentro de los contenedores buscando desesperadamente comida, son escenas de la vida diaria. Contradictoriamente, fueron tres millones y medio de dólares lo que se pagó de menos en asignaciones familiares en el año 2003. Sin embargo, ¡oh sorpresa!, la cantidad de beneficiarios aumentó un 4,6%. Ergo: la rebaja de los 3,5 millones de dólares no tiene otra explicación que la pérdida del valor adquisitivo de la asignación familiar.

No es ajeno el hecho de que el monto del salario mínimo nacional hoy es aproximadamente 41 dólares, la mitad de lo que valía en 2000, lo que nos lleva a ocupar casi el último lugar en América Latina. Y las asignaciones familiares están topeadas en salarios mínimos nacionales.

Mientras todo esto sucede, el símbolo típico del capitalismo y del secreto, las sociedades anónimas, que es lo que son las AFAP, en el peor año de la crisis, 2002, ganaron más del 90%. Por si algo faltaba, herramienta financiera al fin, ahora la DGI pretende cobrar IVA a las jubilaciones del sistema AFAP. Impresentable. *

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