Una buena jornada de la Federación Rural

El Congreso de la Federación Rural que se celebró en Rocha la semana pasada, aunó dos acontecimientos previstos y otro que no entraba en las previsiones oficiales del programa.

Hubo asamblea, hubo elecciones. Un proceso democrático que la prestigiosa institución cultiva en todos sus momentos. Y con más razón uno que, como el actual, la encuentra comprometida con la grave crisis que afecta al sector. Una de las crisis más agudas de su extensa historia, y una de las más difíciles de salvar.

Hoy, no sólo se fija el problema en las condiciones internas  fruto del abandono o ausencia de reales políticas agropecuarias de gobiernos anteriores y el mal provecho de algunos mal privilegiados productores  condiciones cambiarias regionales y privilegios comerciales extraordinarios en los países centrales, agudizan un proceso de decenios.

Hasta incidentes judiciales en nuestro socio mayor del Mercosur lesionan uno de nuestros principales rubros agrarios y la fuente de divisa que representa.

Reiteramos que en estas circunstancias, es de especial valoración la afirmación democrática de una de nuestras primeras instituciones rurales. Es de importancia presentar una sana legitimidad en tiempos de rumbo nebuloso. Las propuestas y solicitudes de todo el sector tendrán un peso cierto. Que no sólo sirva como legitimación para el necesario diálogo con las autoridades nacionales, sino para saltar  o intentar hacerlo  las fronteras y los mares en busca de otras reivindicaciones que hacen a los desequilibrios e injusticias en el comercio internacional.

El presidente Batlle  orador imprevisto aunque no imprevisible , descansado en la capacidad de su ministro para encarar el aspecto nacional de la crisis, marcó con energía, libre y poco usada, el objetivo para combatir el factor externo.

Fue claro y duro, ningún disimulo para acusar de las injusticias del comercio internacional agropecuario. El blanco preferido fue el Banco Mundial y la Comunidad Europea que cierran más y más sus fronteras. El libre comercio tiene una sola flecha. Y esto no sólo no es justo, sino que atenta contra la libertad y en consecuencia, contra el buen desarrollo democrático de los pueblos.

Pues «valores como la democracia, la estabilidad y la libertad son el fruto de que los países puedan libremente comerciar entre sí y tener el crecimiento natural, fruto de su trabajo y no de la limosna de nadie, ni de las prohibiciones de algunos«.

Una buena frase, llena de contenidos. Que compromete a la institución en cuyo ámbito se expresó, compromete al sector entero, y compromete al gobierno en sus relaciones exteriores.

Por supuesto que a éste lo compromete primeramente en lo interno. Así se entiende.

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