¿Ya ganamos?
Qué quiere que le diga, yo estoy un poco preocupado viendo que muchos de mis queridos compañeros están enfrascados en la discusión de si la victoria será en la primera vuelta o si será necesaria una segunda en noviembre. Aunque de lo que no tienen dudas, es que ganamos sí o sí. ¿La razón? Lo dicen todas las encuestas.
Aquí es donde yo quiero llegar. Nunca nadie, que yo sepa, ha ganado elecciones a fuerza de encuestas. Las elecciones se ganan con el apoyo consciente de los ciudadanos, expresado en votos contantes y sonantes. Las encuestas son, simplemente, una guía para medir cómo nos va yendo hasta hace quince días. Sí; porque la encuesta se cierra quince días antes de que yo conozca el resultado. Y en quince días la vida cambia, los entusiasmos cambian, las noticias cambian y, como consecuencia de ello, también cambia el estado de ánimo y la voluntad de los ciudadanos.
Claro: usted me dirá que desde hace ya mucho tiempo las encuestas están clavadas en el entorno del cincuenta por ciento de intención de voto a favor del EP-FA más el Nuevo Espacio. Y tiene razón. Pero no debemos olvidar que la campaña por el voto comienza ahora. Desde este momento todos se posicionan para atraer la simpatía del votante. Hace ya dos meses que nos vienen convenciendo de que –en una nueva versión de como el Uruguay no hay– ningún país en el mundo ha salido tan rápidamente y de manera tan limpia de una crisis tan profunda. Los números de la macroeconomía son estupendos y allí nomás, a la vuelta de la esquina, nos espera el crecimiento del salario y las jubilaciones. Fíjese que ya están prometiendo una nueva rebaja del IRP. Digo yo que será por aquello de que el Uruguay ya no soporta más impuestos, según proclamó el doctor Batlle en la campaña electoral de 1999. Y lo que queda por venir, todavía.
Debemos saber –tenemos todavía la marca ardiendo de la reciente campaña en el referéndum de Ancap– que los medios de comunicación estarán totalmente sesgados en contra nuestra, buscando el pelo en la leche en cada una de las apreciaciones y opiniones que den nuestros dirigentes más notorios.
¿Cómo contrarrestamos este terremoto? También aquí lo invito a que recuerde la campaña por el referéndum de Ancap. Con nuestra presencia en la calle, cuerpito gentil, conversando, discutiendo, convenciendo, empujando en el sentido positivo de la historia. Ese es, a mi juicio, el capital político más importante que tenemos, que solamente nosotros tenemos, y que no debe estar inactivo, leyendo encuestas y especulando.
Somos los que tenemos mayor credibilidad entre nuestros vecinos, colegas, compañeros, condiscípulos. Porque siempre hemos actuado de frente y limpiamente. Hasta cuando nos equivocamos; porque no somos infalibles.
Los que se identifican con alguna de las opciones que se expresan en esta expresión de pueblo movilizado, ya están calentando los motores. Y los que somos simplemente frenteamplistas, debemos revitalizar especialmente el funcionamiento de los comités de base para que sean una referencia obligada en la vida del barrio o el pueblo. Abriendo las puertas, además, para que aquellos compañeros que se identifican simplemente con la idea del Encuentro Progresista o de la Nueva Mayoría, puedan ingresar, actuar y militar en esos locales tan humildes y tan entrañables.
Es la única manera, a mi juicio, de ganar. Y si Dios quiere, en octubre. *
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