Desequilibrios e iniquidad

Toda la experiencia vivida por los países que siguieron fielmente las recetas neoliberales parece ser ignorada por los disciplinados discípulos criollos de la Escuela de Chicago.

Los efectos devastadores de la apertura comercial indiscriminada, del achicamiento del Estado con las privatizaciones consiguientes, confirmaron lo que se denunciaba desde el pensamiento progresista: que el modelo de crecimiento impulsado desde los centros del poder mundial significaría injusta distribución y concentración de la riqueza, exclusión social y empobrecimiento de las mayorías. Al mismo tiempo, quedó en evidencia la falsedad del axioma que afirma las bondades –mayor eficacia y menores costos– de la iniciativa privada.

En el último número de Bitácora (25/02/04), el insospechable Premio Nobel de Economía 2001 Joseph Stiglitz realiza un minucioso –y más que valioso– análisis sobre la realidad económica mundial en el que demuestra inapelablemente cómo la economía mundial, globalizada, ha instalado desequilibrios e iniquidades sublevantes. Porque además de ser malo en sí, el modelo neoliberal y sus dogmas aperturistas son escandalosamente manipulados por los países ricos, que no vacilan en violentar las reglas de juego que ellos propugnan cada vez que sus intereses se ven amenazados. Y cuando hablamos de intereses, nos referimos, obviamente, a los intereses de las multinacionales que manejan la economía mundial en su provecho, por lo que toda medida que pudiera significar un respiro para las economías sumergidas de los países subdesarrollados será sistemáticamente rechazada pues implicaría una merma en las ganancias de los poderosos.

Pero mientras los economistas criollos que responden al establishment siguen pregonando las bondades de la apertura comercial, de las privatizaciones y del achicamiento del Estado, su discurso ya no convence a la gente que a comienzos de los noventa se dejó seducir por las promesas de bienestar que traería aparejado el modelo mágico. La prueba está en la voluntad de cambio expresada por los pueblos latinoamericanos que se manifiestan electoralmente a favor de las propuestas progresistas, contrarias al neoliberalismo.

Lo lamentable de todo este asunto es el precio de miseria y descomposición social que hubo que pagar para que las poblaciones tomaran conciencia de la nefasta realidad. *

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