La respuesta es clara

Cuál es la respuesta que no llega? Es bueno preguntarse qué objetivo tienen quienes, con reiteración aburrida siguen manejando la supuesta carencia de planes económicos del Encuentro Progresista – Frente Amplio que, obviamente, sigue trabajando ante la contingencia de un próximo gobierno en que se tendrá primeramente en cuenta –como es elemental presumir por el perfil ideológico de las fuerzas que integran la coalición de izquierda — a los más desposeídos. Esos más de 700 mil uruguayos que viven por debajo de la línea de la pobreza.

Pero, más allá del objetivo, es plantear los medios: no existe ninguna posibilidad de mantener una permanente tarea asistencialista sin que la economía en su conjunto se asiente sobre bases firmes y el país comience a crecer de manera permanente.

Claro, es fácil generalizar sobre el tema y sumar palabras sin vincularlas a políticas concretas que sustenten el necesario desarrollo que se reclama.

Es evidente –y eso lo saben muy bien muchos que reclaman la explicitación de planes– que el país requiere de la inversión extranjera seria, de quienes encuentren en el país además de una tranquilizadora seguridad jurídica, las posibilidades de hacer buenos negocios. Para ello, es evidente que se debe reestructurar el mercado interno que se convirtió, especialmente durante el actual gobierno del doctor Jorge Batlle, en una empobrecida Cenicienta, cuya caída determinó la brutal destrucción de riqueza, de casi 10 mil millones de dólares. Achicamiento del mercado interno producto de la caída del salario real, destruido en su poder de compra por más de un factor.

Hay una relación directa entre el poder de compra de la gente y el derrumbe agónico del comercio y la industria, sectores que en la actualidad, gracias a algunos factores coyunturales, han comenzado a recuperar algo de lo perdido.

Si los técnicos que trabajan por el eventual gobierno presidido por el doctor Tabaré Vázquez se manejaran en base a los condimentos ideológicos que propone el populismo demagógico o la derecha, las cosas serían más fáciles de definir. Por supuesto que las certezas son necesarias porque es imprescindible que, desde el pique, el nuevo gobierno comience a aplicar políticas con contenido social, pues es dramáticamente evidente que muchos habitantes de este país ya no pueden más. Pero, como decíamos anteriormente, las mismas deben ser concomitantes con una contundente reactivación económica. Y allí está el meollo de la cuestión.

Sabemos que una política influirá en la otra. Si de alguna manera se logra que los uruguayos logren mayor capacidad de compra, el camino comenzará a mostrarse un poco más libre de obstáculos y una mejoría en el comercio y la industria abrirá, de alguna manera, expectativas en inversores que deben tener en claro cuáles son las reglas del juego.

Que la derecha exija hoy, a pocos meses de las elecciones, deficiones puntuales, es en primer lugar no tener el más mínimo sentido de ecuanimidad. ¿Cuáles son las políticas que le ofrecen a la ciudadanía los partidos tradicionales? Más de lo mismo.

Por ello es evidente que teniendo en claro los objetivos estratégicos que impulsen la producción es que se hace necesaria una muy puntillosa explicación de políticas concretas que reviertan lo que todavía ocurre en el país.

Recordemos, además, que la inversión extranjera, desde la dictadura a nuestros días, no superó nunca a la llegada a Haití, el país menos agraciado del continente. *

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