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El doctor Lissidini formula apreciaciones que deberían resultar detonantes. El tema se vincula con la duda o sospecha por la posible participación de la política o determinados políticos con el mundo del contrabando. Asunto muy grave por supuesto, por lo cual el condicional «debería» no expresa la intención de minimizar el problema, sino que el asunto tomaría real dimensión con la referencia a nombres, pruebas o al menos elementos que ayudaran o facilitaran la acción de los investigadores y la aplicación de sanciones ejemplarizantes.
Y mucho más cuando la función pública está en la picota, con hechos o versiones que afectan severamente la imagen de los políticos; y son mucho más importantes las denuncias que las suposiciones, lo cual de ninguna manera justificaría ocultar los hechos, sino afianzarlos de la mayor veracidad. La tarea no debe resultar para nada fácil pero resulta inexcusable para evitar injusticias como las que padeció y denunció pública y extensamente el propio doctor Lissidini en su largo trajinar por juzgados y comisarías para recuperar la libertd.
Cuando pone algo tan delicado sobre la mesa, cabe suponer que su enorme experiencia como ex directortor de Aduanas lo habilita para exponer sus conocimientos junto a otros conocedores del oficio. Es cierto que a los ojos de la opinión pública por lo menos, no quedó ninguna gran figura en evidencia, pero debiendo afrontar la tarea, todo esfuerzo coadyuvante a eliminar sombras debería asumirse. Y cualquiera fuera el resultado, la sociedad debería reconocerlo. Lo peor sería que algo tan importante quedara «flotando» para que cada uno le diera su interpretación. De otra manera, no avanzamos hacia nada positivo.
Quizás con con ayuda seria y responsable, mucho más que con presunciones, pudiera surgir algo para atacar este flagelo. *
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