La firmeza de Kirchner

La coyuntura argentina está abriendo a los observadores una serie de interrogantes que con el correr del tiempo se irán dilucidando. En primer lugar es adecuado establecer que desde la asunción del presidente Néstor Kirchner, en materia económica, el ministro Jorge Lavagna actúa en un marco diferente al que predominó durante la gestión de Eduardo Duhalde.

Y hay hechos que así lo abonan. La negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en que fue decisiva una acción presidencial, paralizando un importante pago al organismo multinacional de crédito, abrió al país vecino un nuevo escenario. No recordamos a nivel continental un retroceso tan evidente del FMI que, a pocas horas de la decisión de Kirchner, redujo sus exigencias y, de alguna manera, aceptó la mayoría de las que el gobierno argentino proponía.

¿Esto debe verse como un éxito estratégico o como un cambio del modelo que fue el imperante en toda la década pasada y que se mantuvo, obviamente, durante el mandato de Duhalde? ¿Se está revirtiendo la política impulsada por el FMI y el Banco Mundial, que empobreció a la mayoría de los pueblos del continente, incluso el uruguayo? ¿Ha quedado superada?

A la luz del reciente acuerdo suscripto con el FMI la respuesta a estos interrogantes es por lo menos polémica. El nivel soberano de las decisiones que manejó en todas estas acciones el gobierno de Kirchner muestra un sustancial cambio a lo realizado por los gobiernos anteriores, donde la genuflexión (al estilo de Uruguay) fue el denominador común.

En la negociación con el FMI el gobierno argentino logró rebajar la aspiración del organismo multinacional de crédito, en lo que se llama el superávit previo, en un 1,5% del Producto Bruto Interno (quedó en 3%), cifra que es igual a la totalidad de los salarios públicos que paga el Estado. Sin duda, es un logro sustancial, especialmente cuando a ello se suma que con estas actitudes Kirchner está restableciendo un alto nivel de confianza que los argentinos habían perdido hace mucho tiempo.

Pero hay algo más. El gobierno argentino se guardó para sí la decisión del manejo de las tarifas públicas, tema de reafirmación soberana que determina que ese resorte tan importante de la economía sea utilizado con criterios propios. Como ejemplo de la importancia que ello tiene podemos manejar lo que ocurre en Uruguay, donde se cumple un cronograma tarifario acordado con esos organismos sin valorar si su aplicación irrestricta favorece a alguien o, como ocurre en nuestro país, determina perjuicios generalizados, no sólo para los consumidores (que pagan), como para las propias empresas públicas que recaudan menos, acumulando importantes stock de combustibles (en el caso de Ancap), o ven caer en millones la cantidad de pulsos telefónicos (Antel), o se espantan ante la caída en la venta de energía (UTE). El incremento de enero no debió sorprender a nadie, especialmente cuando muchos sabemos que en los «acuerdos» se establecen aumentos tarifarios cuatrimestrales. El próximo será en abril y el siguiente en setiembre. Ese es el cronograma y así se cumple.

Pero, volviendo a Argentina, parecería que al intentar una visión «macro» y observar los esquemas de producción (con la firma del acuerdo con el FMI), se podrá llegar a una constatación preliminar de que el gobierno de Kirchner ha ganado un espacio negociador que estaría vinculado a la decisión gubernamental de proponer criterios irreductibles. Pero, ¿esto significa un cambio del modelo?

Sin embargo –afirmamos con sobradas razones y con ejemplos concretos– que emprender el camino de la independencia es un paso muy largo y potente para comenzar a construir otro modelo, uno que supere la dependencia a los organismos multilaterales de crédito. Y hay un hecho más a tener en cuenta: el gobierno argentino sostiene como premisa la corresponsabilidad del FMI en la debacle de ese país (las recientes declaraciones de Kirchner sobre Anne Kruger son bien claras) y, por lo tanto, está decidido a manejar continuamente ese tema para reclamarle también una corresponsabilidad cuando se definen derechos y obligaciones. *

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