Paro general del 8 de junio: una gran jornada cívica
Escribe Daniel Olesker
El PIT-CNT está preocupado con la ola de conflictos que se ha desatado en el país… Pero sería bueno preguntarse qué esfuerzos está haciendo la central obrera para mejorar esa situación cuando ha convocado para el jueves próximo a un paro general». Así encabezaba el diario El Observador uno de los tantos y tantos editoriales y análisis en contra de la central única de trabajadores del Uruguay.
Y queríamos empezar por esto para mostrar la imparcialidad del análisis de este matutino, que jamás ha mencionado como actos generadores de conflictos la represión sindical que, lamentablemente, pulula en el país, los despidos masivos de trabajadores, la denigrantes condiciones de trabajo rural o de ciertos servicios, etcétera. O, al mismo tiempo, nunca se ha preguntado por qué la pasividad ya casi increíble del ministro de Trabajo para actuar en los conflictos.
Pero dejemos ahora esta repetida prédica de los editoriales de dicho matutino contra los trabajadores y vayamos al problema central, que es la convocatoria al paro general del 8 de junio.
Se dice que hay que esperar, dar tiempo al gobierno que recién se inicia, no apretar. Pero sin embargo hay ya constataciones claras que es necesario enfrentar para impedir que se agraven las consecuencias de un modelo liberalizador, concentrador y excluyente, como el que Uruguay vive hace ya mucho tiempo y con más fuerza desde 1990. Y esas constataciones son claras. Recordémoslas por si algún ciudadano las ha olvidado en el medio de un clima de diálogo, que contrasta con el autoritarismo del anterior presidente.
Primero los anuncios gubernamentales de comienzos del período que nos planteaban que:
* Va a haber una reducción de los salarios públicos y apoyo a la reducción de los salarios privados y que significarán entonces una baja de ganancias para todos los pequeños y medianos empresarios que viven del mercado interno.
* Se iba a rebajar en 100 millones de dólares la inversión pública, lo que supondrá un orden de 7 mil puestos de trabajo menos y problemas serios a las empresas del sector.
* No habrá apoyos para ninguna rama de actividad productiva (seguramente si un banco lo solicita el actual ministro y anterior director de la Asociación de Bancos lo aprobará), salvo esa pequeñez para el agro.
Segundo: la Ley de Urgencia que complementa los anuncios anteriores con aspectos tales como:
* Caminos de privatización en las áreas del puerto y de la UTE y un esbozo de reformas gruesas en las empresas públicas.
* Inexistencia total de medidas sobre el empleo, lo cual significa que no hay un objetivo de mejorar el empleo y se asegura que el empleo mejorará por la combinación del crecimiento económico, la baja de los salarios y la flexibilidad laboral.
* Inexistencia total de mejoras en salarios públicos (excepto policías y militares), en particular nada para docentes y salud pública.
Finalmente nada se dice sobre los derechos sindicales y la negociación colectiva y el ministro de Trabajo permanece omiso ante decenas de conflictos cuyo origen en parte está vinculado a la inexistencia o el incumplimiento de normas laborales y derechos sindicales básicos.
En este panorama, podemos afirmar que en el año 2000, otra vez se ha priorizado el equilibrio fiscal y el sistema financiero y otra vez la producción y el trabajo han quedado subordinadas.
Porque el gobierno no comprende o no quiere comprender que el problema del déficit fiscal es un problema de reactivar la producción para que aumenten los ingresos del Estado y allí se resuelve el problema.
Por ello en este año la cosa viene fea, porque…
* no habrá soluciones para los problemas del empleo,
* no habrá reactivación productiva y donde la haya (en ciertos niveles de exportaciones) sólo podrán aprovecharsse de ella las grandes empresas que siguen monopolizando los beneficios del crecimiento,
* no habrá «buenas» para los que venden en el mercado interno,
* no habrá «buenas» para las pequeñas industrias y comercios, pues se sigue dejando expandir a los grandes y ahora la unión de Disco y Devoto dejará más comerciantes sin trabajo.
Nosotros nos preguntamos
* ¿no hay ya suficiente elementos de política económica y social como para que quede claro cuáles son las grandes orientaciones del gobierno?
* ¿no hay ya suficientes elementos como para comprender cuáles son las urgencias del gobierno y cuáles no y por ende reclamar por lo que consideramos son las vredaderas urgencias? Es decir reclamar empleo, soluciones al mutualismo, que no bajen salarios, subsidios a la producción y reactivación del mercado interno en lugar de un Ministerio de Deportes o reprimir el juego de la mosqueta.
Porque sin duda que el diálogo siempre es mejor que el autoritarismo, pero cuando como resultado de ese diálogo la ley de urgencia queda igualita que cuando se la envió para opinar, cuando a los reclamos de libertad sindical y negociación colectiva se responde con evasivas y omisiones gruesas, el diálogo se transforma en monólogo.
Por ello es que se convoca a un paro general el día 8 de junio.
Para expresar el profundo malestar con la política económica y social del gobierno, con el ajuste fiscal que se está realizando a costa del salario y el empleo, con la pasividad del gobierno frente a los problemas del sector productivo y en particular con su endeudamiento, con la falta de libertades sindicales, de fuero sindical, de negociación colectiva y contra la represión sindical, entre otros temas centrales.
Y este malestar no es sólo de los trabajadores asalariados organizados en el PIT CNT… Es de los comerciantes, es de los productores, es de los trabajadores informales, es de los cooperativistas, es el de una buena parte de los empresarios, en definitiva es de una gran parte de la población que siente que su situación económica empeora.
Por lo tanto, no se trata tan sólo de un paro de la central sindical. Debe transformarse en una gran jornada cívica de protesta de todos los ciudadanos y ciudadanas. Porque las cosas que decía que iban a pasar en 2000, pasarán si la política económica se aplica tal como está diseñada. Pero está en nosotros, en nuestra resistencia, en nuestra lucha torcer estas propuestas y por ello lo del título:
EL PARO GENERAL DEL 8 DE JUNIO: DEBE TRANSFORMARSE EN UN GRAN PARO CIVICO
*Economista, asesor del EP
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