Caminos que convergen
Varios hechos, en la jornada de ayer, evidenciaron que, aunque lentamente, el país avanza en la senda de la búsqueda de la verdad.
Por un lado, la culminación exitosa del examen practicado a la joven que se presumía era la hija de Marcelo Gelman y María Claudia García.
En segundo lugar el anuncio los anuncios del Presidente de la República indicadores de la persistencia del Dr. Jorge Batlle en su propósito de trabajar hacia el conocimiento de la verdad sobre los desaparecidos.
A la vez, nuevas gestiones, en Europa, apuntadas a la verificación de la identidad de la joven que se piensa, ya con un grado de certeza muy alta, se trata de la nieta de Juan Gelman.
El otro paso lo constituye la decisión de crear una comisión Por la Paz con el objetivo de contribuir en la búsqueda de la verdad.
Ambas decisiones son positivas e importantes y permiten una razonable expectativa acerca de la evolución de una situación dramática que durante mucho tiempo estuvo estancada.
Contra la verdad de los hechos, contra las circunstancias realmente existentes, los gobiernos de Sanguinetti y Lacalle, habían decretado que el problema no existía, que todo estaba resuelto a partir de la aprobación de la Ley de Caducidad en 1989.
Desde esta «verdad burocrática» se intentó bloquear –y de hecho se impidió– la continuidad y la profundización de las investigaciones.
Por sí y ante sí, el Poder Ejecutivo decidía si una fuente nueva (por ejemplo el caso del soldado Sergio Pintado) era capaz de brindar un testimonio válido o no acerca de una desaparición.
No podía haber otra verdad que la que, a través de la voluntad política de los gobernantes, se expresaba por boca del Estado.
Eso ha sido así hasta hace apenas dos meses. Mucha gente comprensiblemente inquieta por el futuro, parecería que no se ha detenido a examinar las consecuencias que para la ética de una sociedad tiene la circunstancia que se compruebe que los hechos que el Estado difundía como la verdad oficial, se hayan demostrado como falsos.
Con la misma probidad, con la misma eficiencia epistemológica que los análisis muestran que la nina es nieta de Juan Gelman y la Sra. Souvaroff, se evidencia que el Estado uruguayo ha estado mintiendo desde hace más de veinte anos.
El otro elemento interesante que contribuye a mostrar los avances que en el país se producen en la búsqueda de la verdad, es la decisión del Tribulación de Apelaciones en lo Civil de 6o Turno reafirmando la sentencia de la doctora Estela Jubette que ordenó al Ministerio de Defensa Nacional, le agrade o no a su irritado titular Luis Brezzo, que investigue hasta qué punto de las declaraciones del soldado Sergio Pintado se derivan datos que permitan avanzar en el conocimiento del destino de la maestra Elena Quinteros, secuestrado del interior de la Embajada Venezolana en Montevideo.
Justamente esta acción, derivada del recurso de amparo presentado por María del Carmen Almeida de Quinteros, resulta no contradictoria como se pretendió, sino complementaria de los esfuerzos que ahora el Presidente Jorge Batlle impulsa en la llamada Comisión de la Paz que intentará avanzar hacia la verdad, contra la mentira y el ocultamiento.
Las decisiones de la Justicia tienen una enorme importancia moral.
También tiene una enorme importancia moral y simbólica la creación de una Comisión específica destinada a buscar la paz como camino de reconciliación, destinada a buscar la verdad donde el Estado pretendía haber puesto, con la mentira, la lápida del punto final.
La creación de la Comisión es el mentís a Sanguinetti y su pretensión de manejar la memoria y el olvido de la sociedad como una variable en sus manos de «político pragmático».
Los avances de la Justicia y la creación por parte del Presidente de la Comisión por la Paz, constituyen una suerte de torpedo que impacta por debajo de la línea de flotación del pragmatismo obtuso encarnado en las gestiones presidenciales de Sanguinetti.
Como en Argentina, como en Chile, esta concepción de respaldo a la impunidad hace agua por todos los costados.
Eso no descarta, casi que por el contrario los presupone, que se oigan, como en todo naufragio rimbombante, los músicos que desde la cubierta siguen ensayando las partituras de exaltación del «realismo» del Presidente anterior.
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