Ancap después del 7 de diciembre
El 7 de diciembre, la derecha de este país, los partidarios del modelo que nos ha hundido en la peor crisis de nuestra historia, sufrió la más importante derrota que ha soportado desde 1985 a esta parte.
Esta importantísima victoria del campo popular tiene responsables.
Lo son las organizaciones sociales y políticas que promueven los cambios. Los responsables de esta victoria fuimos miles de hombres y mujeres, que enfrentamos y vencimos la maquinaria oficial, la mentira, la confusión y la soberbia.
Tampoco caben dudas acerca de que la inmensa mayoría del pueblo uruguayo vinculó el debate sobre el futuro de la principal empresa industrial de nuestro país, (Ancap), la Ley 17.448, con el conjunto de las políticas aplicadas por los socios de la coalición de gobierno (que sigue existiendo en lo conceptual). Lo hicimos los que votamos SI, y también lo hicieron la mayoría de los que votaron NO. Y está bien que fuera así.
El pronunciamiento del pueblo uruguayo fue categórico, pero con todo lo importante que fue esta batalla ganada al modelo, a la derecha, fue sólo una batalla. Una muy importante sin duda; pero sólo una batalla ganada.
La derecha no se resignará, seguirá dando pelea y utilizará todas las armas que tiene –que no son pocas–, porque lo que está en juego es muy importante y es bastante más que el futuro de Ancap. Para algunos –con mucho poder en este país– están en juego los privilegios de los que han gozado por décadas.
Al otro día del pronunciamiento del 7 de diciembre, con soberbia y desparpajo algunos de los principales representantes de la derecha de nuestro país, salieron a los medios de comunicación relativizando el alcance del triunfo popular y emplazando a las fuerzas progresistas. Anuncian que las 7 plagas caerán sobre Ancap, y que los responsables seremos los que le hemos dicho SI a la defensa de la soberanía nacional. Traen al tapete supuestas y reales dificultades que enfrenta Ancap sin mencionar la responsabilidad que tienen sobre esas situaciones los gobiernos y directorios (anterior y actual)-, y a continuación tejen catastróficas hipótesis sobre el futuro.
Para nosotros, para el sindicato, la cosa es clara.
Que Ancap necesita cambios, transformaciones, reorientar su gestión y atacar, resolver, una serie de condicionamientos que tiene en el corto plazo para cumplir con sus objetivos; son cosas evidentes.
Sinceramente creemos que en lo que refiere a las transformaciones de fondo, son de imposible tramitación con el gobierno actual y sus aliados.
Las transformaciones de fondo que deben procesarse en las Empresas Públicas –y en particular en Ancap– suponen en primer lugar definir qué tipo de país queremos (el papel que en ese país juegan por ejemplo el agro y la industria). Supone definir una política energética a nivel del país pero también a nivel regional.
Estas definiciones –que no son equivalentes a hablar del sexo de los ángeles como dice el senador Gallinal–, son definiciones previas a pensar en los cambios y la orientación a darle a Ancap. Lo contrario sería poner la carreta delante de los bueyes. Pero sobre estos temas reiteramos no creemos posible ponernos de acuerdo con el gobierno y sus aliados.
Estas transformaciones de fondo habrá que abordarlas a partir de mediados del año entrante, cuando los aires de cambio que se evidencian en nuestra sociedad comiencen a confirmarse en las urnas.
Sin embargo es cierto que Ancap afronta una serie de dificultades, ninguna de ellas insoluble, pero que requieren un tratamiento que no puede esperar al cambio de gobierno.
Sobre ellas es necesario operar ahora. El sindicato puede y debe jugar un papel importante.
También el Directorio de la empresa. Ya lo hemos planteado, una buena señal para facilitar los consensos, sería la renuncia del Presidente de Ancap, Jorge Sanguinetti, principal impulsor en la empresa de las políticas que el soberano rechazó el 7 de diciembre. *
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