Tilo, mucho tilo, señor Presidente
El imborrable Paco Espínola nos legó una maravillosa producción literaria.
Dentro de ella una antología de cuentos cortos que lo llevaron a la fama.
De su tradición nos quedaron frases famosas que entraron en el acervo nacional. Una de ellos fue: ¡Qué lastima que la gente sea tan pobre!, condolido por las miserias y privaciones que sufrían los pobres cristianos. Como también aquella otra: ¡Hay que hacer algo más que amar a los pobres! Convocándonos a la acción para superar las injusticias e iniquidades.
Pues bien, este fin de año, lleno de esperanzas para los más desvalidos, nuevamente nos expone a la incontinencia verbal del primer ciudadano de la República, que nos ha llevado a tantos bloopers y gaffes, el más famoso el de la Cadena Bloomber’s, donde se despachó a gusto contra nuestros hermanos argentinos.
Ahora se la agarra con el Frente Amplio.
Verde de rabia por el resultado del 7 de diciembre, por el clima de unidad y sensatez del IV Congreso del FA «Héctor Rodríguez» e impactado por las tendencias sólidas y profundas de la ciudadanía hacia un cambio histórico, recurre a una estratagema de confrontación, calificando burdamente al Frente Amplio de fascista.
¡Lástima que la gente no sea tan tonta!
En un momento de madurez, cuando el proyecto de izquierda progresista se proyecta hacia las mayorías nacionales, levanta nuevamente los fantasmas para asustar a la población.
Pero se terminaron esas épocas. Hoy vivimos el período en que la esperanza vence al miedo.
Tanto que hablaron de Lula como un ejemplo a seguir, cuando dicho Lula, Presidente de Brasil, de carne y hueso viene al Uruguay y se abraza con Tabaré, reniegan de Lula y la emprenden nuevamente contra Tabaré.
Tanto que hablaron del general Seregni y ahora cuando el general Seregni sube al estrado del Congreso, ovacionado por los congresales y proclama la fórmula presidencial de las fuerzas progresistas, parecería que se les cae el cielo encima.
¡Si bogas, palos, si no bogas, palos también!
Pobre nuestro Presidente y pobre nuestro Uruguay, si en los meses que le quedan de mandato va a exponernos a una retahíla de injurias, improperios y desatinos.
Triste destino para un apellido famoso si se repite este tipo de incidentes que no le hacen nada bien a la democracia uruguaya.
Vientos de cambio sacuden a la región.
Nuestro presidente se parece al navegante embriagado a quien ningún viento le viene bien, porque no sabe para dónde soplan los vientos. Quizás, como el Rey Jerjes, quiera azotar con cadenas al mar que le hizo naufragar su flota.
Sin triunfalismo el pueblo sabrá abrirse camino.
La brújula de la historia nos marca el rumbo y si el señor Presidente se confunde, mal que le pese, no lo acompañaremos en el desatino.
Este pueblo, de corazón fraterno, no se dejará trampear su destino.
Tilo, mucho tilo, señor Presidente, que ya le falta poco. *
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