Defensa del cine y del audiovisual criollo
Nos referimos, obviamente, al audiovisual producido en los países de la región, a los que un proyecto a estudio en la Junta Departamental de Montevideo intenta proteger. El objetivo de la norma en preparación es la creación de un fondo de apoyo a la producción de cine y videos nacionales.
La cuestión tiene al menos tres aristas. Una primera es de carácter tributario, la financiación del fondo para impulsar el cine nacional, tendría su origen en una reducción de las exoneraciones de impuestos para la exhibición de películas. Para algunos intereses concernidos en la norma, el aumento del impuesto en alrededor de un 30% redundaría en un incremento del precio de las entradas del orden de unos siete pesos uruguayos. Ese es el punto de vista de los empresarios de cine, que se oponen a la medida proyectada por la Intendencia y hoy a estudio. Acerca de aspectos técnicos del tributo no estamos en condiciones de opinar, al menos en el estado actual del debate público.
Un segundo aspecto de la cuestión surge a partir de las presiones de tipo empresarial internacional y también diplomático que se están ejerciendo sobre los organismos democráticos, representativos y soberanos de nuestro pueblo.
Las presiones ejercidas por los agregados comerciales de los países más ricos y desarrollados del mundo, para eludir un impuesto municipal, forman parte del «lado oscuro» de este mundo globalizado donde las reglas de juego las pretenden fijar siempre los más poderosos.
Este aspecto, de soberanía y de política, tiene antecedentes análogos en las presiones ejercidas contra las decisiones legítimas de otros gobiernos latinoamericanos destinadas a proteger y financiar su producción cultural, en un área de su identidad espiritual tan urgido por el apoyo financiero como lo es la producción de cine y de audiovisuales.
Como recordaba una nota publicada días pasados en LA REPUBLICA, ha sido el bien poco izquierdista gobierno de Fox en México el que se ha visto visitado por las «cañoneras» diplomáticas y empresariales de quienes pretenden imponerle al mundo sus pautas culturales a través del monopolio de la producción y distribución de cine.
El tercer aspecto hace al desarrollo de nuestra cultura como pueblo, a nuestra identidad en el campo de la creación artística, tanto en el plano actoral como en el de la plástica, la música, la fotografía, el guión, que con tanta fuerza se potencian y se socializan en el cine.
Por la alta calidad y amplia diversidad de su producción artística, Uruguay podría rápidamente convertirse en un productor calificado de cine y de audiovisuales, en un exportador conspicuo de productos culturales que no sólo proveerían al país de divisas sino que permitirían exhibir a gran escala latinoamericana muchos aspectos de nuestra vida como pueblo y como sociedad, que serían sin duda altamente valorados. Para eso se necesitan recursos que es precisamente lo que apunta a resolver la norma citada.
El órgano legislativo comunal que ahora estudia el proyecto se ocupará sin duda de alcanzar la excelencia técnica que optimice el rendimiento de la norma en estudio.
Para la sociedad uruguaya y para sus entidades artísticas y culturales, incluyendo los medios de comunicación y la prensa, sólo cabe el reconocimiento a las grandes virtudes de la iniciativa. *
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