Ante los síntomas de reactivación

La inesperada reactivación del consumo interno que los comerciantes, sorprendidos, comenzaron a sentir fue motorizada por dos elementos. En primer los aguinaldos que, generalmente, se trasladan directamente a la compra en el mercado interno, cosa que fue ostensible para quien transitara por la ciudad antes de la fiesta de la Navidad. Se habla de un 10% de mejoría en las ventas comparando la cifra con lo ocurrido el año pasado, lo que no es un avance importante, pero que obviamente representa una mejoría en la ecuación.

El otro factor que seguramente influyó estuvo dado por la utilización de las tarjetas de crédito, que pese a mantener todavía tasas de interés «leoninas», fueron más utilizadas por una razón que tiene, obviamente, razones psicológicas. Se habla de una mejoría de algunos rubros de exportación y se visualiza una temporada turística «aceptable», lo que ha jugado sobre las expectativas. En cuanto a las exportaciones de carne y algunos otros rubros menores (ingresó al país alrededor del 360 millones de dólares), fenómeno que ha determinado un crecimiento real de la economía en ese sector, que no se siente todavía en los otros que dependen, como todos sabemos, de la capacidad de compra del mercado interno, sobre el que todavía no se ha establecido ninguna medida de reactivación.

Los economistas de «manual», como es el ministro de Economía Isaac Alfie, no visualizan la forma de salir de la encerrona en que está el país, que pese a la sensación de reactivación, sigue manteniendo las mismas coordenadas económicas que han estado en la base misma de la crisis y, por supuesto, de la fantástica exclusión social que determina la existencia de más de 700 mil personas (algunos dicen que la cifra supera el millón), viviendo por debajo de la línea de la pobreza.

Quizás la riqueza que acumulan los propietarios de las plantas frigoríficas, y algunos productores agropecuarios, mejorará los índices que para Julio María Sanguinetti, durante su segunda presidencia, eran sinónimo de progreso. El de la venta de los vehículos 0 kilómetro. Sin embargo, dada la actual estructura de los ingresos y a quienes van dirigidos, ese mercado podría mejorar en el nivel de ciertos vehículos, (autos de lujo, 4×4, etc.), pero no mucho más.

Lo que subyace en las declaraciones de Alfie, que afirma que en el correr del año que está a punto de comenzar caerá el desempleo, no está basado en una mejoría de la economía en su conjunto, sino simplemente en las previsiones sobre el ingreso de turistas, corriente esta vez favorecida por los precios relativos uruguayos que, como consecuencia de la brutal crisis vivida y luego de casi cinco años de recesión, siguen siendo bajos, contrastando con los de Brasil y Argentina que, por primera vez tienen precios superiores a los nuestros.

El turismo es una actividad altamente distributiva. No sólo ganan los grandes hoteles, también lo hacen otros, como los transportistas, quienes elaboran y sirven comida, los proveedores, etc., multiplicándose la mano de obra zafralmente ocupada.

Sin embargo, el gran déficit, para que comience una reactivación real, está en mejorar la capacidad de compra de la gente de manera permanente, lo que se debe concretar a través de una mejoría del salario, que de inmediato se traslada al consumo en una vorágine de hechos que termina –claro está– mejorando sustancialmente los niveles de empleo.

Pero, ello es difícil que se aplique, pues no se encuentra en el «manual» que utiliza el equipo económico de gobierno. *

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