Desprolijidad del Banco Central

Si hay temas enojosos, que siguen acentuando la falta de credibilidad del gobierno, en general, y del equipo económico en particular, son las idas y venidas que está teniendo el resarcimiento de los ahorristas atrapados en el «corralito» del Banco de Crédito.

Las declaraciones de hace unos días del vicepresidente del Banco Central, quizás –segun versiones– próximo presidente del Banco Hipotecario del Uruguay, parecieron hechas por un extraterrestre que no mide sus palabras al vivir en otra galaxia. El economista Miguel Vieytes afirmó ante la prensa que el pasado lunes los acreedores del Banco de Crédito comenzarían a cobrar su dinero acorralado luego de la crisis financiera.. Ocurrió lo que se ha reiterado una y otra vez. Las dependencias del Banco estaban cerradas a la hora que los damnificados llegaron anhelantes para comenzar a recobrar lo que es suyo. Cuando se abrieron las puertas se enteraron que no había orden de pago y que las afirmaciones del jerarca del Banco Central, nuevamente eran erradas.

En verdad tanta desprolijidad no sorprende, pues el Banco Central no es, en ese aspecto, un dechado de virtudes. Y ello es preocupante, porque en teoría el llamado «banco de bancos» debería trabajar con orden y precisión, para que quienes manejan los dineros de la gente, no reiteren lo ocurrido el año pasado, cuando desaparecieron fondos depositados por cientos de millones de dólares.

Hace pocas semanas el liquidador de una de estas entidades saqueadas fue procesado por autorizar el pago a un «ahorrista», también acorralado, contra el cobro de una coima de 150 mil dólares.

¿Cómo es posible que un hecho de esas características pueda ocurrir? Si bien en este caso finalmente la maniobra no se concretó, la escandalosa maniobra que se ideó muestra la carencia de controles, de medidas adecuadas para que no ocurran estas cosas. El Banco Central debería haber previsto un férreo control sobre toda la mecánica de los liquidadores, midiendo cada paso de lo que ocurre en cada uno de los bancos liquidados. Y ello porque hay mucho dinero en juego y, además, porque el control es su cometido específico. El Banco Central fue creado para esa labor, no para hacer la vista gorda con operaciones ilegales y, llegar al desatino final, de maquillar sus propios balances, como lo ha detectado el propio Tribunal de Cuentas.

Lo ocurrrido en el Banco de Crédito es otra muestra del descontrol existente del cual Vieytes con sus afirmaciones fue, en este caso, el factor emergente. Ahora, según ha trascendido, el resarcimiento a los deudores se concretaría entre hoy y el lunes. Veremos si esto es cierto, si no es otra afirmación sin base que crea esperanzas en un grupo de damnificados, que al no concretarse, desencadena un lógico escándalo.

Esa superlativa falta de seriedad se ha producido reiteradamente desde la liquidación de los cuatro bancos, corolario de la crisis de un sistema mal armado, dirigido a atesorar el dinero que escapaba de los países vecinos (especialmente Argentina), y no a favorecer – como es la esencialidad del sistema financiero – a los tomadores de crédito locales. La crisis fue el resultado de todo ese desatino que todavía no se ha corregido y, para que salgamos finalmente de ella, se deberá rever procedimientos y, por supuesto, extremar controles para que cada peso tenga el destino adecuado. *

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