Recuerdo de Héctor Rodríguez

El IV Congreso del FA quedará en la historia como el Congreso Héctor Rodríguez… En la inauguración en el Velódromo se evocó la calidad humana de quienes dieron nombre a los anteriores: Juan José Crottogini, Tota Quinteros, Alfredo Zitarrosa. Cada uno despierta en nosotros un sinfín de recuerdos, emociones, vivencias.

Las recientes instancias me trajeron a la memoria la figura de Héctor Rodríguez. Sentí su presencia viva a lo extenso de los debates, tanto más cuanto más se avivaba el choque de opiniones. Héctor fue mi camarada y amigo por más de medio siglo. Desde la campaña electoral del 46 hasta su muerte. La relación atravesó por avatares de diverso orden, se mezclaron elementos de signo contradictorio, pero la asumo en su integralidad, porque en ese extenso período, cortado por la cárcel y el exilio, nunca se perdió el respeto mutuo por las ideas, expuestas con franqueza, la crítica sana y la autocrítica necesaria, todo esto en los dos sentidos, y no se empañó la corriente afectiva (que alcanzaba también a Licha), la convivencia afectuosa, el gusto recíproco por compartir y debatir. Eso era posible porque, en el fondo, nunca dejamos de compartir la misma concepción sobre la necesidad de transformar el mundo, de terminar con el régimen de la explotación capitalista que él había conocido en sus entrañas, y de hacerlo con la participación de vastos sectores populares. En pocas palabras, la concepción de Marx, la fuerza de sus ideas. En El Tejedor el ñato Huidobro narra su encuentro con el Manifiesto a los 15 años (igual que yo) y su precoz y minucioso estudio del primer tomo de El Capital.

Fue mi primer jefe político como secretario de la Comisión Nacional de Propaganda del PCU previo a las elecciones de 1946. Veníamos de la lucha contra la dictadura de Terra, el mitin de julio (1938), el movimiento por España que unió la defensa de la República con la reconquista de la democracia en el país, la solidaridad con la URSS y las naciones en guerra contra el nazismo, las demostraciones frente a El Día el 2 de mayo de 1945, cuando el Ejército Rojo tomó Berlín. Los informes de Héctor a la Comisión revelaban especial preocupación por los temas de América Latina, que mantuvo a permanencia. Con 33 mil votos (en aquella época) el PCU eligió una bancada de fierro: Richero, Arismendi, Enrique y Héctor Rodríguez, el canario Carlos Leone, y Julia como senadora. Héctor acumulaba entonces las responsabilidades de miembro del Ejecutivo, secretario de Propaganda y diputado, sin dejar sus vínculos con su sindicato textil. En la Cámara acompañó con brillo a Arismendi en la notable interpelación sobre el Plan Truman de militarización continental (julio 1947) con un alegato por la paz mundial.

Cuando la enfermedad lo postró, nos reuníamos por la tarde en su casa de la calle Nelson, cerca de Slowak. Yo llevaba unos bizcochitos con amapola que hacía mi madre, que Licha siempre recordaba. Cuando muchos años después llegaba a su apartamento cerca de Gral. Flores y Larrañaga, me recibía con la pregunta: ¿Trajiste los bizcochitos?

Sobre los dolorosos episodios de su expulsión a mediados de 1951 aquí sólo quiero decir dos cosas: mantuve la relación con él, conversando y discutiendo; y en el entorno del XVI Congreso de 1955 le señalé que debería reengancharse, olvidando el pasado, para aportar a lo que fue un renacimiento del PCU, que gravitó positivamente en la unidad de la clase obrera, en la unidad de la izquierda y de todo el pueblo. El siguió por otros caminos: participación en el Congreso del Pueblo en 1965, en la fundación de la CNT, de los GAU en 1969, del FA en 1971, en la IDI y en la Vertiente tras la dictadura, a lo que se sumó una extensa trayectoria periodística.

Después de la cárcel (1973-1982), el reencuentro. Vivió las angustias del desplome del campo socialista y de la división del PCU. Siguió en contacto con fuerzas políticas emergentes en el continente (Venezuela y otras). Le hice un extenso reportaje en La Hora Popular sobre la realidad internacional. Venía por casa y se llevó sistemáticamente varios tomos de las Obras Completas de Lenin (antes sólo había podido acceder a las obras escogidas). En 1993 me regaló sus «30 años de militancia sindical» con esta dedicatoria: «Niko: lo fundamental e inolvidable es la fraternidad de los combatientes. Sé que seguirá y te abraza, Héctor Rodríguez». Conservo la fecha precisa, 4 de diciembre de 1995, de esta dedicatoria de El Tejedor: «Niko: años juntos, años en discusión, años necesarios para enterrar la explotación capitalista. Héctor».

El Congreso se realizó bajo la advocación de una frase suya sobre el Comité de Base (el suyo era el 1º de Mayo, en Fermín Ferreira y Lorenzo Fernández), esa originalísima experiencia uruguaya que (más allá de circunstancias que a veces rechinan o nos impacientan) son escuelas de formación democrática en que cada mujer u hombre común y silvestre opina y se va educando en torno a los grandes (y pequeños) problemas del país. No se olvide que, por distintas vías, lo que todos queremos al fin de cuentas es contribuir a crear una sociedad en la cual «el libre desenvolvimiento de cada uno (en primer término) sea la condición del libre desenvolvimiento de todos». Esto halló una síntesis armoniosa en el Congreso, con representación primordial de los Comités de Base, que planteó ante los uruguayos, al abrirse el trascendente año 2004, una perspectiva de mejora de la calidad de vida de la gente; de un país productivo y de trabajo; un Uruguay inteligente, innovador, científico y tecnológico; democrático y soberano, integrado a la región e inserto en el mundo, acompasado a los nuevos tiempos de nuestros vecinos fraternos y de América Latina en su conjunto. *

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