El aborto y la ética profesional
Es indudable que la profesión comprometida directamente en la ética profesional referida al aborto es la de los médicos.
Ellos son los únicos profesionales que tienen los conocimientos necesarios para dirimir sobre este tópico, con base científica y sin interferencias filosóficas que refieren a otra categoría del pensamiento, independiente de la ciencia.
Como es por todos conocido, el ser humano es un ser bio-psico-social. Sin una base biológica determinada, ese ser no es posible. La Embriología enseña a determinarla, y es sobre esta base que se puede evaluar cuándo se logra la categoría biológica necesaria para configurar un ser humano. Esta categoría biológica es la que fundamenta el término de 13 semanas de embarazo como límite para poder ser interrumpido el proceso evolutivo del embrión.
Los fines de la profesión médica se definen en la responsabilidad de defender la vida humana, luchar por la promoción de la salud, combatir la enfermedad, evitar o aliviar el dolor, rehabilitarla y promocionar junto a otros profesionales, el bienestar que define a la salud con la integración de los 3 segmentos mencionados: bio-psico-sociales.
Es de su conocimiento que un embrión después de 13 semanas de evolución cambia cualitativamente y ya no se puede interrumpir su evolución, porque sería no respetar los principios que fundamentan la profesión y que la sociedad les ha conferido como su responsabilidad específica.
Hay médicos que honran sus fueros profesionales con la dignidad que la medicina merece y difunden sus conocimientos para que quien desee tomar la decisión de interrumpir un embarazo sepa cuáles son las consecuencias biológicas, tanto en relación al embrión como para la salud de la madre. La decisión a tomar libremente por la madre, deberá contar para ejercer esa libertad o para limitarla, con los conocimientos necesarios que el médico provee.
Con ello se educa y se evita el peso de la culpa inscrita en la cultura imperante, acientífica y heredada de etapas superadas por el conocimiento; y con ello, además, se enseña a administrar (sin abusar) este recurso en función de proteger la salud de la madre.
Todo lo que los médicos especialistas en el tema han aportado con relación a evitar los embarazos, a la necesidad de educar tempranamente a la mujer para planificar a los hijos según sus deseos y necesidades y a evitar también las situaciones de riesgo de vida para la madre, provee de un saber altamente beneficioso para la salud de la familia y de la mujer.
Todo este importante aporte médico ginecológico contribuye a evitar los embarazos no deseados y los abortos consecuentes.
Todo lo señalado, es importante destacarlo, como contribución para tomar medidas que darán sus frutos en un futuro lejano, pero que no resuelve el tema del aborto hoy y aquí, con la urgencia que la gravedad del problema demanda. La urgencia de despenalizar el aborto es un grito hoy, dadas las actuales circunstancias de mortalidad materna. La tipificación del aborto como delito explica la alta mortalidad aludida y el distanciamiento médico del tema. Las pacientes de la interrupción de embarazo no recurren a ellos por temor a ser denunciadas como delincuentes, y los médicos no se comprometen tampoco por el mismo temor judicial.
Los que se animan a practicarlo, los llamados «aborteros», despectivamente, han evitado muchas muertes y no todos lo han hecho para llenar sus bolsillos; muchos lo han hecho por un fuerte compromiso con la profesión. Hasta la propia ley penal (Art. 328, Inciso 4) los puede eximir de pena si se dan las siguientes condiciones: «… si se efectuare con su consentimiento (la madre) podrá llegar hasta la exención de la pena» en los casos donde existan «razones de angustia económica».
Pero más importante que la ley penal, por su orden jerárquico, está el precepto constitucional que en su artículo 7 establece: «Los habitantes de la República Oriental del Uruguay tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad».
El colectivo médico no ha querido o no ha sabido asumir las responsabilidades que les caben en este tema.
Descriminilizar el aborto que se presenta social y psicológicamente necesario, eliminando la carga de la culpa a la madre que lo consiente, todo esto lo recoge la ley, que también implementa los recursos para su materialización.
Las causas del aborto son múltiples para su determinación y las consecuencias muy diversas también, por la infinidad de causas que la determinan.
Todo es superable si se logran los extremos aportados por los médicos ginecólogos a los que hice referencia y que la ley recoge. Es indispensable lograr su implementación de acuerdo a lo consignado en la ley en proceso de sanción en el Senado de la República.
Lo que no es razonable, ni aceptable, es que haya tan poca sensibilidad médica frente a lo que constituye un hecho incontrastable y sublevante a la vez, como lo es el índice de mortalidad de mujeres por causa del aborto. En el país figura como la primera causa de muerte materna, la procedente del aborto provocado en condiciones insalubres.
Está muy bien la sensibilidad demostrada para evitarlo con las medidas a tomar, pero los resultados a largo plazo no hacen posible evitarlo hoy, ya, urgentemente.
En la ley se complementa todo el esfuerzo de la prevención del aborto con la legalización del aborto, despenalizándolo, permitiéndolo como práctica que protege el derecho a la vida y a su goce, derecho consagrado en la Constitución de la República y que los médicos deben especialmente defender como forma de honrar a su profesión.
¿Es más importante salvar un embrión que salvar la vida de una mujer, ésta sí un ser humano, con derecho a la vida?
Los problemas religiosos son muy respetables y se respetan en la ley desde que a nadie se le obliga a abortar, pero no se le impide a quien quiera hacerlo, por no configurar delito y por respetar la laicidad preceptuada para nuestro Estado.
¿Dónde queda la ética médica? ¿Dónde queda su compromiso de defender la vida?.
Esto configura un hecho grave que deshonra a la profesión: Que se mueran las madres pero los embriones no. ¿Cómo se explica esta conducta? ¿De quién es esta responsabilidad? Sin duda que es de los médicos que no se han sublevado ante el impedimento de poder ejercer su profesión.
La sociedad con su conducta hacia el aborto es la que da la respuesta a los determinantes de una realidad, que se imponen con una tremenda fuerza, pagando los pobres con sus vidas las consecuencias de su indefensión. La colectividad médica ha desempeñado un excelente papel con las propuestas realizadas para la prevención del aborto, es verdad, pero respecto al tema del aborto mismo, que les concierne como a ninguna otra profesión, ha faltado la defensa activa a la protección de la salud social. Lamento tener que realizar una evaluación negativa de la conducta de esta colectividad a la cual me unen fuertes lazos afectivos, pero es real que la opinión científica esclarecedora y humanista ha faltado, con lo que ha logrado muy bajo perfil. La contundencia del hecho social y sus terribles consecuencias ha tenido mejor recepción y mayor sensibilidad en otros sectores de la sociedad, y han sido ellos los verdaderos promotores de la ley en curso. Pocos han sido los médicos que se han jugado a fondo con este tema, insoslayable dentro de su ética profesional. *
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