¡Y que el Kirchner ese se muerda la lengua!

¡Sí señor! Digno de una de aquellas noches furibundas de encuentros y desencuentros bebestibles en el boliche «El Resorte», mire… ¡Ah Juceca, qué picnic te estarías haciendo ahora con todo este asunto. «Â¡Hombre como especializao pa’ meter la pata ahura que dice, el Jorgelino Batllista, que dicho sea de paso dicen que cuando le pusieron el apellido, el viejo le dijo, dicen, al escrebiente del Registro Civil: ‘dealé, don, póngaselo el apellido ansí nomás sin anestesia, pero hágalo rápido que duele’…»

Y los tiempos cambian. No hay que hacerle. Un Batlle inauguró el siglo XX abriendo fábricas, decretando las 8 horas de trabajo, pasando a propiedad del Estado los ferrocarriles, la energía, etc., y ahora otro Batlle inaugura el siglo XXI haciendo (o tratando de hacer) lo mismo exactamente, pero al revés.

Y hablando de todo un poco, ¿no? (como en velorio e’pueblo), yo creo que al hombre lo están castigando mal en este asuntillo con los argentinos. Es lógico que como Presidente de los uruguayos defienda nuestra soberanía y haga respetar aquello de que ningún extranjero se meta en nuestras cosas internas o a opinar sobre lo que tenemos o no que hacer. Salvo, claro está, que sea el embajador de los Estados Unidos, o alguno de los delegados del Fondo Monetario Internacional. Pero de ninguna manera los argentinos, de quienes el propio Presidente de todos los uruguayos ya nos puso en alerta de que son todos una manga de ladrones y corruptos, y que además debió ganar Menem las elecciones y no este señor de apellido raro (y que además, ahora se supo, fue guerrillero).

(Y entre nosotros, hasta medio «rarito», ¿no vieron la camisa y la corbata rosaditas que trajo puestas?).

Modestamente podríamos hacerle una sugerencia a nuestro señor Presidente: póngase firme, no afloje, y además de ese agregado naval, agréguele algunos más, mándele a Ramela de jefe de Protocolo, a Cordero de coordinador de Derechos Humanos y a Pajarito Silveira de jefe de Seguridad en la embajada uruguaya en Buenos Aires. Y ya que está de mandar cosas para aquel lado (como para vaciar el altillo, se entiende, de trastos inútiles), mande también a la brigada «Palo y Palo» de García Pintos, para que decoren a brocha gorda la embajada

Y el Kirchner ese, que se muerda la lengua. Va a ver usted que en cualquier momento se va a ir tanto de boca contra usted y contra nosotros, se va a zafar tanto, que va a tener que someterse a la más grande humillación que puede experimentar un presidente de un país soberano ante la opinión pública internacional; va a tener que ser protagonista de un lastimoso espectáculo que lo pondrá en ridículo y dejará al pueblo argentino mancillado para siempre en la historia: para pedirle perdón a usted y al pueblo uruguayo, va a venir a la residencia presidencial de la Avenida Suárez, y ante las cámaras de televisión de todo el país y de las cadenas noticiosas internacionales, frente a los micrófonos de todas las emisoras y los periodistas de los más importantes medios del continente, le va a pedir disculpas llorando sumisamente, teleteátricamente, lastimosa y tristemente.

Pero usted, no afloje. Ni siquiera si para quedar bien, le sale diciendo que él es también medio uruguayo porque tuvo un recontra pariente ancestral que fue de los primeros canarios que llegaron a plantar muñatos a Los Cerrillos. Además, ni se preocupe: usted ya pasó a la historia. En Punta del Este a la Avenida Gorlero este año le van a poner su nombre.

Como decía al principio: ¡qué picnic te estarías haciendo Juceca!, ahora que dicen. ¡Qué picnic! *

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