Voto rosado: por el patrimonio y contra el servilismo

Llama la atención que «bichos» políticos experientes, como son Sanguinetti y Lacalle, le hayan «regalado» prácticamente el SI al Frente.

La radicalización de estos dirigentes, acompañados en un grado menor por Gallinal y Astori, transformó identificando el voto por la rosada con Tabaré y su coalición de izquierda. Y seamos objetivos. Por el SI votamos una importante pléyade de dirigentes blancos y algunos colorados. En mi partido, donde obviamente conozco y verifico fácilmente, se aseveró que si todos pudieran o quisieran «confesarse», el «Cuqui» sufriría un paro cardíaco agudo del susto. La clase política en general y estos en particular sufren un descreimiento y desprestigio popular brutal. Nadie cree, al margen del acierto o el error de sus razones, en sus dichos. Para alguno incluso, como el «cejas», la caída es superlativa y en «picada». Bastaba ver el acto final en la cancha de Larre Borges, chica por cierto, donde la televisión lo dejó «pegado». Fue asombrosamente triste. Había gente en la mitad de la cancha en sillas y el resto incluyendo las gradas, estaban totalmente vacías. (Los gurises corrían y saltaban entre ellas). En un rapto de generosidad, podría calcularse que había 300 personas con el IVA incluido. En cambio en la Ancap, teniendo en cuenta las dimensiones, largo y ancho de la Av. del Libertador, estaba desbordante. Codo a codo. Allí, la izquierda en general, ya sea obviamente la frentista como la de los blancos que seguimos fieles a la colectividad de Oribe sin dejarnos seducir por tremendistas anatemas y amenazas de hecatombes expuestas por los doctores del Honorable, apoyamos la Ancap uruguaya. Y acá vale una aclaración. No se fue por identidades políticas en particular. El propio Alem García en representación tácita de los blancos principistas, impecablemente, lo dejó claro. No hubo ni hay adhesiones políticas electorales, sino honradez intelectual heredada de don Manuel y refrendada por Leandro Gómez y Aparicio en defensa del patrimonio patrio. No se cometa la bellaquería –los conozco– de esgrimir el «facilongo» argumento de que por votar SI, se «fueron del partido». Hay dos señores intendentes, Lamas e Irineu, un presidente de la Cámara, el doctor Alem García, un ex canciller, Gros Espiell, ediles y convencionales entre los que me encuentro yo y muchos dirigentes honorables y respetables de la capital e interior que nos «levantamos en armas» hace rato, y nadie se movió ni creo que lo haga del lema. Sin perjuicio que se puede y se es blanco, ya sea dentro como fuera del partido. Ser blanco es consustanciarse con ideas, principios, conductas y sentimientos que no tienen por cierto que atarse a fórmulas jurídicas encorsetadas o a Honorables Directorios de doctores que en reiteradas oportunidades han desvirtuado del brazo del coloradismo por «carguetes» y acomodos políticos, las mejores banderas heredadas de nuestros mayores. ¡Vamos a no joder con lealtades y obediencias! ¿A quién le tenemos que ser fieles y obedientes? Por supuesto que a Herrera, Wilson, Saravia y Oribe. En buen romance, ¡a la historia! ¡A nuestros grandes muertos! Pero a los «petisitos», por más doctores que sean, NO! El gaucho Larrañaga se puso las botas y «ronca honestamente». Lo apoyamos, a veces con algún disenso, pero las discrepancias entre libre pensadores de frente y con honestidad, son positivas y necesarias. Pero bueno es insistir en marcar la independencia total del partido con el coloradismo y con otras tendencias comprometidas hasta la identificación casi ideológica con don Jorge y Julio María. Los resultados del referéndum contra la Ley de Ancap, no sólo se refieren a la ley sino a la sanción que los propios blancos han hecho de las coaliciones con sus ministerios y demás «acuerdos» con los enemigos de siempre. Aquellos polvos traen estos lodos, sin duda. Los blancos estamos segundos lejos. Pero segundos al fin. Distanciados de los colorados que se están liquidando. Sigamos el camino reformista levantando viejas banderas abandonadas. Volver a las raíces.

Lo más lejos de líneas «cagancheras» y sus derivados «doctorales». No sirven las alacahueterías, el acomodo y el servilismo que olvidan principios. Contra eso nos rebelamos. Por eso fuimos al acto de Ancap y votamos el SI.

El que piense otra cosa, es un perfecto idiota que no entendió nada. En ellos no gasto pila. Lo que opinen, me importa un rábano. *

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