La montana parió un ratón
El sábado próximo pasado se convocó la Convención Blanca. La misma estaba rodeada previamente de una expectativa natural, habida cuenta de los resultados irregulares devenidos de las cuatro elecciones previas. Razonablemente se esperaba un «mea culpa» o explicación de los magros resultados obtenidos particularmente en noviembre. Lo del título. Se evitó, con la excusa de reformas estructurales que a nadie se le ocurrió salvo al presidente del Honorable interesado principal en «diluir» responsabilidades, tocar el tema.
Claro, se me puede preguntar y lo acepto sobre lo que hicieron los «demás» por evitar que esto sucediese. Las razones son muchas. Comencemos.
En el lacallismo el ambiente es de «fronda». Empero, los «molestos» que son muchos por las arbitrariedades y privilegios del «jefe», no se levantan en armas mientras la bolsa de «caramelos» del Cuqui (llámese puestos, cargos y carguetes) no se agote.
«Mientras haya que me dean», dijo un gaucho «vivo». No es momento para irse a las «cuchillas». El ano que viene o el otro cuando se vacíe la «bolsa», será otro cantar. Los «principios son los principios». Siempre bien «altos» para poder pasar por debajo.
Los opositores reales al Cuqui, tienen otro enfoque. Cierto es que están muy desperdigados. En la Convención es probable que el presidente tuviese aún mayoría por las razones «éticas» antedichas. Si se «tiraban» y perdían, fortalecían la alicaída jefatura Cuquista. Razonablemente un diputado amigo me dijo, «la batalla hay que darla afuera». Este ámbito (la Convención) le puede responder a él. En cambio el pueblo blanco de afuera, está en contra. Allí es donde hay que dar la lucha».
De ser así y no lo dudo, !vivan los que están afuera!
De ser cierto estos planteos y la verdad que son razonables, para terminar con una orientación nefasta lacallista, hay que comenzar por aglutinar una gran columna unificada de todos, incluso que quieran volver al cerno del partido con un ideario nacional orbibista, ideológicamente progresista y de transparencia política.
Tampoco se puede admitir un permanente «acercamiento» con los colorados. Ni directamente como sucedió en Canelones con algunos dirigentes que están «convencidos» de haber hecho Patria yendo con Hakenbruch a cambio de cargos en el municipio canario, en mayo, y en noviembre donde desde Lacalle hasta la mayoría de los dirigentes salieran a «recomendar» votar por Batlle haciendo campana, pueblo por pueblo, culminando en una vergonzante «gesta» al grito de «por fin juntos».
La formación de esa columna debe contemplar y ocupar un espacio de centro izquierda progresista. Ya lo hemos dicho, es perder el tiempo tratar de competir por la Cámara del Bien Raíz, por la Bolsa de Valores o con alguna destacada «poderosa» colectividad vinculada a las «fiducias», con Lacalle. Esas «sementeras» las cultivó muy bien.
Con carino, prolijidad y dedicación.
Mal agradecidos serían si le votasen en contra. Hay que abrir las tranqueras a la zurda blanca que se fue yendo hacia otras tiendas y que a la postre muchos de ellos no están cómodos y algunos hasta mal vistos por los asociados de turno. Gente que sigue siendo blanca, que no son marxistas ni batllistas y que si le dan espacio pueden volver al cerno partidario.
Si el Cabo Viejo Aparicio Saravia, Basilio Munoz, Cicerón, Marín, Yarza o Chiquito viviesen hoy día, no me cabe la menor duda que serían «subversivos». ?O acaso a los blancos alguna vez les hizo «asco» las revoluciones? ?NO sería mejor volver a nuestras esencias dialogando en alguna mateada con gente nacionalista, que «chupar» tanto whisky o champán gringo tan ajenos a nuestros orígenes?
Con los que son blancos y nunca lo negaron aún cuando estén «afuera» tenemos con ellos ideológicamente más afinidades que con cualquier gobierno batllista neoliberal que baila al son de los imperios y multinacionales. No es de inteligentes embretar al partido en una derecha recalcitrante perjudicando a los más en beneficio de los pocos de siempre.
Don Pepe Batlle, que no tenía un pelo de tonto en la década del diez le dio cabida en su partido a los anarquistas espanoles e italianos. Y seamos justos, la embocó. Muchos se habrán escandalizado. ?Por qué nosotros, con gente que sabemos es blanca y nacionalista les vamos a cerrar las tranqueras?
El partido debe recrear esas tradicionales corrientes que en este siglo las tuvo Carnelli, el nato Otamendi, Fernández Crespo, Erro, y el propio Wilson. No son novedad en la colectividad.
Resumiendo. De formarse estas corrientes, separados, el Cuqui les gana. Juntos con viejas y nuevas banderas nacionalistas en el momento estratégico oportuno el «paisanaje» con los dirigentes nacionalistas principistas de Montevideo y Canelones deberán rescatar lo mejor de la colectividad para no sólo ganar sino también pensar y decir como Herrera la histórica frase, !Qué lindo es sentirse blanco!
* Dirigente de Desafio Nacional
Compartí tu opinión con toda la comunidad