La destrucción del hábitat

I) Nadie emprende un proyecto considerado antieconómico: esa afirmación puede considerarse paradigma del siglo XX. Todo es medible y vendible del punto de vista monetario.

Cuando al promediar la década de 1820 se hablaba de fundar una cátedra de Economía Política en la Universidad de Oxford, dio origen a discusiónes porque muchas autoridades responsables no querían admitir en la Universidad «una ciencia tan propensa a usurpar a los demás». Incluso quienes proporcionaron los fondos necesarios para su dotación inicial consignaron que «esperaban que la Universidad mantendría a la nueva asignatura en su propio lugar».

Sin embargo el catedrático designado, ya en la primera clase predijo «que la nueva ciencia se ubicará en la opinión pública a la altura de las primeras entre las ciencias morales por su interés y utilidad», asegurando que «la búsqueda de la riqueza es, para la mayoría de la humanidad, la gran fuente de progreso moral».

De entonces hasta ahora la economía ha pasado a ser el principal factor determinante de las acciones de los individuos, los grupos y los gobiernos. Pero «lo económico» cada vez más ha quedado reducido a «lo monetario», de modo que el instrumento para medir y transportar riqueza, ha llevado a ser identificado con la riqueza misma.

La moneda, instrumento que bajo ciertas normas y convenciones sirve para intermediar entre los individuos y las colectividades humanas, se pretende utilizar como intermediario apto entre nosotros y la naturaleza.

II) El hábitat de cada organsimo es el lugar donde vive o el lugar donde lo buscaremos para encontrarlo. Ejemplificando groseramente con los peces, el pescador los busca por las características del lugar (agua dulce o salada, profundidades, temperaturas, etc.) en que habitualmente vive, que es su hábitat físico.

El ser humano en el proceso desde el útero materno hasta su muerte demuestra una enorme capacidad de adaptación a ocupar lugares físicos, climáticos y sociales muy disímiles.

El ambiente físico integrado en el paisaje con el que ha logrado el equilibrio con el ambiente que le depara placer, es fuente de gratificación que tiende a «enraizarlo» con ese lugar en el que se encuentra cómodo.

Cualquier intromisión en su hábitat lo considera una amenaza insoportable a sus condiciones de vida puesto que percibe agudamente la agresión que compromente su salud y la de su familia.

III) Estas reflexiones previas están motivadas en la agresión ambiental concentrada en una planta procesadora de residuos hospitalarios, antes en barrio Capra de Montevideo, ahora en las cercanías de la Estación La Pedrera.

Cabe preguntarse cuál es la diferencia entre la situación actual y la que motivaría la presencia de una industria de esas características.

En el momento actual, pese a que los desechos siguen un camino frecuentemente inadecuado, se encuentran dispersos en sanatorios y hospitales y en la mayor parte de los casos tienen destinos similares a los de los desechos domiciliarios. Como en ningún punto tienen una concentración excesiva no sobrepasan niveles de toxicidad.

Cuando el procesamiento de los desechos hospitalarios son concentrados en una zona específica, en el transporte hacia la planta y en la eliminación de los efluentes (en este caso las cenizas y los gases), se sobrepasan niveles tales que configuran una situación de alto riesgo para el vecindario.

De acuerdo con parámetros internacionales la producción nacional en Uruguay de residuos hospitalarios, es tan baja, acorde a su escasa población, que su mejor manejo en los diversos lugares de origen les quita toda peligrosidad.

Salvo que el proyecto en discusión prevea la integración frecuente de residuos y medicamentos que provengan de zonas francas, por ejemplo.

* Diputado del FA

por Canelones

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