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A don Dante Iocco, presidente del Club Nacional de Football. Que supo  porque quiso  comenzar un proceso que puede resolver uno de los factores gruesos que aquejan, de gravedad, al deporte de los amores populares.

Don Dante Iocco y su Comisión Directiva decidieron «cortar de cuajo» las mañas y presiones de la «barra brava» de su propio club. Denunciaron  y consiguieron el procesamiento  del cabecilla de ese grupo que, marginal de la hinchada bolsilluda, va de tropelía en tropelía ensuciando la trayectoria de la institución y mancillando el ámbito futbolístico. El presidente y su directiva decidieron cortar con la cadena de chantajes que soportaban; fue un acto de valentía que clarifica la situación del club ante la opinión pública y significa el comienzo del saneamiento de una situación viciada física y espiritualmente. El deporte, desde sus orígenes en la antigüedad, tiene una especial nobleza. Es culto a la salud física y es culto a la sana competencia. Es juego y es enseñanza. Es espectáculo y confraternidad. Es alegría, emoción, goce. Y así como la gestión de los jugadores actúa sobre los espectadores, las acciones de éstos se revierten sobre aquéllos. Y el círculo se completa con las resonancias que el espectáculo tiene en la sociedad entera.

Las llamadas «barras bravas»  fenómeno universal de violencia en contextos multitudinarios  nada tiene que ver con la admiración, el fervor o la fraternidad deportiva; sólo son manifestaciones de un estado de irracionalidad furiosa, marginal, destructiva.

Lo de hoy es un comienzo; muy auspicioso por más de una razón.

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