El farol y la tararira
Según un conocido chascarrillo, dos pescadores evocaban sus hazañas. Cada relato daba cuenta de un logro más destacable. Uno habló de haber izado con su cañita una tararira de tres metros. El otro le respondió que una vez había pescado un montón de mojarritas a la encandilada, sumergiendo el farol a mantilla en las aguas de arroyo. El primero lo encontró exagerado por lo que el del farol le dijo: yo le apago el farol si usted achica la tararira.
La gracia viene a cuento para mentar la prosa con la que Sanguinetti se ha lanzado a la palestra en defensa de la Ley 17.448 y de todo lo que venga, siempre y cuando lo que venga le permita atacar a la izquierda y a Tabaré Vázquez. Con un pequeño agravante: aunque le achiquen la tararira, él sostiene que pescó con el farol debajo del agua.
El miércoles 19 en Bitácora, el economista Joaquín Echevers dejó estampada con un razonamiento cuidadoso y documentado, la ligereza con que, ante la prensa, el ex presidente maneja las cifras que dice honrar.
La exageración y falseamiento de los datos son moneda corriente. El líder colorado declara que es absolutamente falso lo que es verdad. En este caso no se trata de una pequeña octavilla editada por un lejano grupo de personas poco informadas. Ni se trata de cuestiones carentes de significación política y ética: nada menos que la evolución de los índices de pobreza en los últimos años, en especial los elocuentes guarismos que indican el porcentaje de niños que se encuentran viviendo por debajo de la línea de pobreza.
Con arrogancia, Sanguinetti desecha la información fundada, invoca la autoridad del Instituto Nacional de Estadística (INE) y luego sostiene, en nombre de éste, unas cifras que no son las que difunde el INE.
Se trata, ni más ni menos, que de diluir la sólida y consistente evidencia del tipo de gobierno que ha imperado en el país en los últimos quinquenios. Gobiernos prestos a silenciar las investigaciones del INE. O de falsear sus conclusiones. Pero obcecadamente negativos en materia de ajustes de salarios y jubilaciones, en materia de inversión productiva y generación de empleo.
La pobreza y los niños pobres no son obra de la divina providencia sino de las políticas que los partidos que han gobernado el país aplican y defienden encarnizadamente.
El estilo que estamos caracterizando se aplica a toda clase de temas, especialmente aquellos que tienen niveles importantes de complejidad y remiten a determinados aspectos técnicos. A lo largo de la luminosa estela que los defensores de la ley están dejando, aparece un manejo de la información funcional a los intereses políticos y electorales del gobierno.
El secreto ha presidido todas las acciones realizadas por una empresa pública en Argentina, justamente en el período en que la responsabilidad de la conducción política, económica y administrativa del país estaba en manos de Julio María Sanguinetti.
Finalmente, de la oscuridad sobre dichas acciones, se salió. Y lo que mostró una comisión investigadora parlamentaria fueron los negocios ruinosos realizados por el Directorio anterior del organismo. Negocios escandalosos por los montos del despilfarro, por la ligereza con que se deshicieron de bienes monetarios que pertenecían a todo el pueblo uruguayo.
¡Con qué hermetismo se mantuvo todo en secreto pese a las decenas de pedidos de informes formulados por los legisladores progresistas!
Los defensores del gobierno se agravian porque dicen que existe en el país un clima de desconfianza. ¿Sobre quiénes recae la responsabilidad de este escepticismo?
Es la falta de transparencia y el incumplimiento de lo prometido lo que genera el descrédito de la actividad política. *
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