La sustitución de importaciones
Esta frase y este concepto, acuñados en épocas del Uruguay batllista y todavía productivo, encerrarían pensamientos obsoletos, según los gobiernos últimamente padecidos. Desde mucho antes de los grandes avances tecnológicos y de la globalización, cuando ni siquiera se pensaba en la creación del Mercosur, nuestros gobernantes decretaron la caducidad de la industria productora de bienes para el mercado interno. La pequeñez del mismo fundamentaba –para esas concepciones– la perentoriedad de la apertura al mundo. Y si bien también fuimos poquitos y chiquitos en la época de esplendor, esas características determinaron finalmente la necesidad para los últimos gobiernos de una apertura irrestricta. El actual presidente llegó a acusar, a quienes pensaban distinto al respecto, de querer convertir a nuestro país en algo así como la Albania comunista, paradigma en alguna época de sociedad cerrada, además de autoritaria. No obstante, podemos deducir hoy, mirando retrospectivamente, que la disociación del Estado y el país productivo –hacia fuera y hacia adentro– está en la base de nuestras desgracias actuales, más allá del epílogo bancario y financiero.
En este contexto sombrío los integrantes del partido en el gobierno comienzan a efectuar ciertos reconocimientos, quizás por la cercanía de las elecciones nacionales y el necesario ajuste (del discurso). Tal lo que se desprende de las declaraciones formuladas por el senador Wilson Sanabria a LA REPUBLICA del día 10, página 4. Luego de afirmar su creencia en «un país agroexportador, turismo y servicios», dice: «Lo que está ocurriendo es que comienza un proceso de sustitución de importaciones, no solamente lo que significa la industria exportable, sino lo que significa la pequeña y mediana industria enfocada a la sustitución de importaciones. Basta recorrer los shoppings de todo el país y ver prendas hechas en Uruguay, eso hasta hace unos meses no lo veíamos porque era más fácil traerlo de cualquier parte del mundo. Basta ir a las zonas agrícolas y ganaderas para ver que los torneros están trabajando noche y día. Eso está dinamizando la economía, se están conformando asociaciones de carpinteros que sustituyen importaciones de muebles de cocina y otras cosas. Estamos teniendo un nivel de actividad muy importante en la sustitución de importaciones, en el consumo masivo, eso está en la línea industrial». (Los subrayados me pertenecen). Junto a la machacona referencia a «la sustitución de importaciones» faltan quizás otras, como ser, a los subsidios, a los precios sostén, a los stocks reguladores, a los cupos de importación, a las barreras arancelarias, para conformar el escenario del Uruguay batllista, sobre el cual los actuales y anteriores gobernantes bajaron el telón hace más de cuarenta años.
Recuerdos del futuro
Serían las declaraciones del mencionado senador, si existiera la voluntad de superar la emergencia social. Volver a la protección de la producción y el trabajo nacional se torna imprescindible para salvar al Uruguay, sin perjuicio de los acuerdos de integración en curso. En la situación actual una cosa no excluye la otra, más aún teniendo en cuenta el empobrecimiento generalizado al que hemos llegado, descartando afanes consumistas sofisticados.
Apoyar el funcionamiento de las cadenas agroindustriales debe ser el objetivo para intentar salvarnos colectivamente, única forma de salvación. En esa dirección deben apuntar todos los esfuerzos, basados en los innumerables análisis y estudios existentes sobre los medios de producción inactivos que integran el patrimonio del país y de la sociedad. Las ansiadas y concretadas inversiones extranjeras demuestran, una y otra vez, no tener interés por las agroindustrias nacionales, enfilando ahora, luego de la debacle del sector financiero, el sector primario de la economía, lo cual si bien ayuda a mejorar la situación, nunca en la medida necesaria de lo requerido para salir de la emergencia nacional, multiplicando la producción y el trabajo. Se requiere del apoyo orientador del Estado, para recrear las condiciones que permitan el mejor funcionamiento de las cadenas agroindustriales vigentes y de otras, en algunos momentos existentes.
La línea de los que mandan
Desgraciadamente, los últimos cambios en el gobierno habidos, parecen alejar, cada vez más, la mínima posibilidad, desde el ámbito gubernamental, de incentivar el país productivo y/o desarrollar una política de sustitución de importaciones en algunos sectores. El funcionario ahora al frente de Economía llevará adelante las instrucciones emanadas del norte, explicitadas claramente en relación a la Argentina por «The Wall Street Journal», según informa LA REPUBLICA el día 21, página 23, acerca del comentario según el cual la recuperación de la economía argentina es ficticia, porque se basa en elementos no sostenibles en el tiempo: el colapso de las importaciones, la devaluación y la moratoria de la deuda. Transcribe la opinión editorial del órgano de prensa norteamericano: «Esto es un salto atrás, a la industrialización mediante la situación de importaciones, un modelo que no tiene futuro, y lo que es peor es que el gobierno argentino no parece tener intenciones de alterarlo». (El subrayado me pertenece). Más claro, echarle agua… *
Compartí tu opinión con toda la comunidad