Ancap: entre oportunismos y actitudes vergonzantes

Esta es una primera nota introductoria de una serie donde abordaremos los aspectos que entendemos fundamentales en torno al referéndum del 7 de diciembre, sin dejar ninguno de lado.

En primer lugar, no podemos soslayar el oportunismo político, nada menos que del vicepresidente de la República, cuando realiza comentarios públicos acerca de la reciente visita del Presidente Chávez.

No debe escapar a este comentario el notorio vacío oficial a dicha visita, lo que quedó explícitamente de manifiesto cuando se reiteró hasta el cansancio que la presencia del mandatario venezolano sólo se explicaba por la invitación que se le efectuó desde Aladi.

Ese silencio oficial sólo se rompe para tratar de utilizar en beneficio propio las expresiones del Presidente Chávez cuando éste se refiere al proyecto llamado «Petro América», que supone la intención de llegar a una integración energética de empresas Eestatales a nivel continental. En función de esta idea, adelanta que podría pensarse en el suministro de petróleo crudo, con una rebaja del 20%, recibiendo a cambio productos de los países que no posean dicha materia prima.

Lo insólito –y oportunista– es que el profesor Hierro López vincula esa posibilidad para nuestro país, sólo si queda firme la Asociación de Ancap. Más allá de soslayar que el presidente venezolano excluyó expresamente de su proyecto a las grandes multinacionales, lo que no se dice es que, por un lado, nada tiene que ver el propósito de la Ley de Asociación de Ancap con el proyecto venezolano, y por otro, que al actual gobierno uruguayo, tanto por razones ideológicas como políticas, no se le pasa ni por un instante por la mente un acuerdo con el actual gobierno venezolano.

En cambio, para las organizaciones que integramos la Comisión de Defensa de Ancap, nos parece que la idea venezolana es digna de estudio en la búsqueda de alternativas reales para potenciar Ancap, una vez que el soberano derogue la Ley de Asociación en el referéndum.

La otra consideración acerca de las actitudes vergonzantes se refiere a la determinación del color de las papeletas por parte de la mayoría de la Corte Electoral.

Antes que nada, recordemos que hoy la gente tiene posibilidades de informarse, escuchar «las dos campanas» y pronunciarse el 7 de diciembre, porque, más allá de todos los intentos que realizó la mayoría de esta Corte ilegítima por impedir el referéndum, la voluntad del soberano pudo más, junto a quienes, desde la propia Corte Electoral, y por dignidad democrática estuvieron a la altura de las circunstancias.

Por cierto que lo propiciado por la mayoría de la Corte no fue ajeno al escrupuloso silencio «desinformador» que mantuvieron durante la campaña de firmas los que votaron la ley. Pero vayamos a la última determinación de la mayoría de la Corte en cuanto al color de las papeletas.

Primero, existió un acuerdo general en cuanto a dejar de lado los colores verde y amarillo, por las connotaciones con el plebiscito por la ley de impunidad.

Pero luego, se rechazó el sorteo de los colores restantes, para dar el paso siguiente: autoadjudicarse el celeste dejando el rosado para los impugnadores.

Mario Benedetti dijo algo que luego quedó como una frase indeleble: «este es el país de la cola de paja».

Y por cierto, ¡qué enorme «cola de paja» trasuntaron aquellos que, en una actitud vergonzante, le rehuyeron al color que les hubiera correspondido con todo derecho!

Aunque todo esto, al fin, quedará en el anecdotario cuando el 7 de diciembre, con 11 años y 6 días de diferencia, el pueblo vuelva a decir Sí, pensando en el país y su futuro, sin colocar por delante, en este tipo de convocatorias, embanderamientos políticos. *

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