Tarifazos, protestas y festejos

El panorama gubernamental de la semana que culmina muestra un menú de amplia policromía. Podría asegurarse que en una semana se concentró buena parte de las más salientes características de este gobierno tan prematuramente desahuciado.

Rasgos típicos como la obstinación y la sordera se evienciaron en el mantenimiento a ultranza de la decisión de ponerle bandera de remate al Aeropuerto Internacional de Carrasco, el único con esas características de que dispone el país. Gran parte del espectro político, de las organizaciones empresariales y sindicales y de los servicios técnicos se habían pronuniado en contra de la privatización.

La tramitación de la subasta, por lo demás, terminó alcanzada por un tufo menemista notorio al encontrarse entre los ganadores –la empresa Cerealsur– entre otros, a Eduardo Eurnekián, una figura del elenco más cercano al tristemente célebre Carlos Menem.

La figura del operador de Aeropuertos Argentinos fue defendida ante las cámaras de la televisión uruguaya con el «admirable» desparpajo de las corruptelas porteñas por el Presidente de la empresa triunfadora. Para Ernesto Gutiérrez, si Eurnekián no cumplió con sus obligaciones contractuales con el Estado argentino no fue por maldad sino por la merma en el movimiento aéreo a causa de la crisis.

Otra novedad inesperada fue la aparición ex posfacto de una cuota parte de las acciones para un núcleo de inversores hasta ahora desconocidos. Transparencia pues, nula.

La semana conoció otro aguijonazo trapero con el aumento de las tarifas. Otro ajuste fiscal perpetrado contra todos los que tienen ingresos fijos y contra todos los que trabajan para el mercado interno y los que usan gasoil. Ensañamiento con el nuevo aumento del supergás y ensañamiento espcialmente agravado en el aumento del precio del kerosén.

La protesta entonces convocada por una amplia y sentida plataforma por parte de la organización sindical tuvo un aliciente amplio, y el resultado fue una extensión mayor de una acción huelguística cuya significación simbólica y política nadie puede ignorar.

Como telón de fondo de este agravamiento de la situación de pobreza que comportan estos aumentos de los precios, el conflicto en la Salud Pública no da señales de aflojar y también aquí es sobre la intransigencia del gobierno que recaen las responsabilidades de un conflicto tan grave y tan agresivo para los sectores más golpeados de la población.

Las expresiones de euforia y los festejos con champán importado dan cuenta de otro atributo que este elenco presidido por el doctor Batlle ha desparramado hasta al hartazgo: la ceguera, la incapacidad política profunda de tratar de comprender al conjunto del país y no sólo a los paniaguados que lo rodean. Un grado de inconciencia casi que llena al observador de aprensiones.

¿Hasta dónde está dispuesto a ir este gobierno?

Cuando aún no se han apagado los ecos de las protestas por los aumentos de las tarifas, ya se anuncian otras.

Cuando todavía no se han extinguido las voces de protesta por el remate del Aeropuerto ya se anuncian las subastas de vías férreas y puertos.

Los dioses ciegan a los que quieren perder, se ha dicho. Lo pernicioso, en nuestro caso, es que ellos que no pierden lo de ellos sino lo de todos.

Ciegos sí, pero para lo que ocurre abajo. *

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