Ultimátum pirata

La explosión del sistema financiero no fue un hecho accidental. Tampoco puede decirse que podía ocurrir en cualquier momento. Por años el Uruguay fue carcomido por la usura y el consumismo, que de arriba abajo afectó a toda la sociedad. Es la consecuencia de la prédica liberal resumida en «Uruguay plaza financiera, gran zona franca», «país de servicios», «el fin del trabajo». Veinte años de manipulaciones monetarias hicieron más «rentable» darle el dinero a los bancos que volcarlo en la actividad productiva.

Fraudulentos empresarios montaron diversos «emprendimientos industriales», con dineros del BROU. Franquicias fiscales al amparo de leyes de «Declaración de interés nacional» favorecieron a amigos «mal entretenidos» en diversas actividades. Al amparo de la Ley Forestal se vació el BROU, luego de los períodos de gracia otorgados, la mayoría quebraron y no pagaron nada. El Banco Hipotecario fue vaciado por bandas de «constructores» que se chuparon el Fondo Nacional de Viviendas, dilapidaron los fondos en proyectos especulativos, algunos esqueletos sin terminar aún alhajan barrios de todo el país.

Como dicen ,»el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones». Una de esas «piedras» fue la Corporación Nacional para el Desarrollo, una idea de Wilson que buscaba apoyar la producción y la creatividad nacional. Este instrumento fue rápidamente convertido en una máquina de repartir dinero a los falsos «empresarios comité», por el «partido rosa», como no podía ser de otra forma. Así sus dineros fueron dilapidados en «proyectos», «consultorías», y en sostener empresas que los amigos vaciaron sistemáticamente. En fin, no hubo institución que no haya sido transformada en instrumento del fraude y de la ruina nacional.

De sabotajes y de malas gestiones que justifiquen privatizaciones ya estamos curados. Empezaron con el Frigorífico Nacional, en 1969, saboteado y luego «vendido» a una pseudo cooperativa que nunca pagó lo acordado, y usufructuó de sus instalaciones. La Comisión Liquidadora del Frigonal en 1985 había ganado el juicio, pero esta fue disuelta por Sanguinetti y retiradas las demandas judiciales. ¡Lo regaló! Pero era necesario no molestar al oligopolio frigorífico privado expoliador de productores y consumidores. Industria responsable de gran parte del pasivo incobrable del BROU.

Para demostrar que las empresas públicas son ineficientes, nada mejor que entregarlas a gente experta en arruinarlas. Empresarios con fama de exitosos, como Ache, se vuelven «troncos» cuando se encuentran al frente del patrimonio público. Ancap es llevada a consumar asociaciones ruinosas, a desprenderse de «El Espinillar» o el establecimiento Joanicó. El primero, desmantelado y entregado a un «empresario» que no pagó ni la primera cuota y vendió todo en el Paraguay. El otro, entregado a los amigos del Partido, los Peirano.

También destruyeron de la única Planta de Maltas para whiskies del Mercosur, de la villa La Paz, en Colonia, convirtiéndola en chatarra. O qué decir del desmantelamiento de AFE. Para asegurase de que nadie pudiera en el futuro privar al sindicato camionero del negocio de fletes de hacienda, el mayor negocio en un país ganadero, se tomaron el trabajo de cortar con autógena los chasis de los vagones y vender como leña sus maderamen.

El Partido rosa llama gobernabilidad a su propuesta de indefensión nacional. Predican que «nada podemos esperar de nosotros mismos», hay que bajar aranceles, abrir puertas y fronteras, etc. Si nos va mal es por la crisis internacional, la aftosa, el proteccionismo ajeno, etc. De afuera también vendrá el éxito, dejando que nuestros negocios los dirijan ejecutivos extranjeros, convirtiendo en inversión extrajera nuestro ahorro y nuestro patrimonio. ¡Al Uruguay plaza financiera, sólo vino la perseguida secta Moon!, que compró el Banco de Crédito, y con el dinero de los ahorristas, sus empresas. Y así estamos. En 1992 Jorge Batlle vaticinó que el problema de las empresas públicas «caería por su propio peso». Pero para ello había que crear las condiciones: arruinar las empresas, vaciar el país y duplicar el endeudamiento externo, forzando la entrega con el pistolazo financiero. El incremento en más de un cincuenta por ciento de nuestra deuda externa, cuyo servicio se lleva el 90% del PBI, nos obligaría a desprendernos de las empresas públicas.

Los dioses del Olimpo financiero truenan amenazantes: ¡para el 2006 se viene el default! ¡Desde la prensa de Caco y sus acólitos, vienen nefastos vaticinios en tono admonitorio! ¡Los piratas que asolaron América nos lanzan su ultimátum!

Los orientales llevamos once años resistiendo la aparcería con la piratería internacional, y las «agachadas» de la representación, sin más armas que tozudos plebiscitos. *

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