De carne ¡éramos!

Había una vez, allá lejos y hace tiempo, un animal que se llamaba «vaca», muy querido y valorado por los seres humanos, tanto que habíase gestado a su alrededor un más que abundante cancionero popular. Por ejemplo, estaba aquella cancioncilla que decía: «Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera, me da leche con viruta, hay que vaca…». Bueno, algo así.

Los niños en las escuelas escribían deliciosas redacciones sobre el mismo tema. «Redacción: La vaca. La vaca nos da la leche, el cuero, la carne y la grasa. ¡Qué lindas son las vacas!»

Es cierto que hubo muchos insidiosos uruguayos que dudaron de su honestidad y buena conducta y comenzaron a hacer correr ciertas injurias en las que los cuernos del toro estaban involucrados. Pero sin embargo ella seguía dándonos la carne, la leche, el cuero… sin decir ni muuu. Mejor dicho, diciendo muuu, que era al fin y al cabo lo único que sabía decir.

Tan, pero tan vaca era nuestra vaca, que a alguien se le ocurrió ponerla en el escudo nacional como símbolo de la abundancia. Y cuando éramos más mayorcitos las redacciones en la escuela decían: «Composición: La vaca. La vaca es un animal del que depende la economía del país. De ella nos alimentamos con su carne, su leche y los derivados, quesos, cremas, yogures, y nos calzamos con sus cueros de los cuales se fabrican zapatos que exportamos al mundo, etc., etc.»

Y seguíamos: «La vaca se alimenta de pasto y agua y en el Uruguay hay tres por cada habitante por lo menos. Hay de varias razas, holandesas, Hereford, aunque no saben nada de Rocanrol,y unas que se llaman ‘penas’ que según dice un hombre que toca la guitarra y canta, son las únicas que tenemos verdaderamente nuestras».

La maestra se me enojó mucho porque puse en la redacción lo que me dijo abuelo cuando le pregunté sobre las vaquitas: escribí «Redacción: La vaca: (dos puntos) la vaca les da la carne a los europeos, el cuero a los italianos, la leche a los argentinos y los mexicanos, y a nosotros el bofe y la pajarilla picados bañados en sangre para que parezca especial o magra a 59 pesos el kilo. En Europa antes comían mierda y nosotros carne. Ahora es al revés. Pero nosotros la acompañamos con ensalada de gramilla para que no sea indigesta.

En la iglesia el cura dijo el otro día que ya no existe más el pecado de la carne porque hasta Satanás se hizo vegetariano por la crisis. Abuela al salir se hizo la señal de la cruz y dijo bajito: ¡Qué vamos a hacerle; de carne éramos! A lo lejos escuchamos a un predicador metodista que parado en el banco de la plaza gritaba: ahora que la carne no existe, debemos tener cuidado lo mismo de las insinuaciones fálicas de las berenjenas y los pepinos. ¡Aleluya! ¿quién dice Amén…? Al llegar a la escuela la maestra nos puso una tarea en el cuaderno de clases: ‘Redacción: La papa. Y escribí lo que la maestra nos había dicho: La papa nos da el almidón, los ñoquis, el puré, las papitas chips y las croquetas. ¡Qué lindas son las papas!»

Duró poco. Al otro día, en el informativo de radio Monte Carlo una noticia conmocionó a la cuenca papera maragata: «Ultimo momento: Uruguay fue declarado país papero libre de ojitos negros en la cáscara y de brotitos en los ojitos sin escarbar con un cuchillito. Se abren los mercados de Estados Unidos, Canadá y Europa para exportarla a precios internacionales». Al otro día la maestra con cara compungida nos dijo: «Niños, la redacción de hoy va a ser sobre el dedo. Escriban: El dedo nos sirve para chupárnoslo, etc., etc.». *

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