Paro en el MSP: la derecha se escandaliza

En forma recurrente, las autoridades de gobierno y en general los hombres de los dos partidos que comparten responsabilidades en la conducción del país en los últimos veinte años, suelen atribuir la crisis dramática e inocultable que nos aqueja a factores exógenos (crisis bursátiles en países remotos, devaluaciones en otros más próximos, etcétera). Es cierto que a veces también miran hacia dentro y lanzan anatemas contra el peso del Estado, contra la oposición política, sistemáticamente destructiva, o contra el movimiento sindical, únicos culpables de que el país no se modernice, se desarrolle y se inserte en el mundo globalizado.

Mientras tanto, la situación de deterioro económico y de degradación social va adquiriendo ribetes de catástrofe. En rigor, la crisis que vivimos hoy no es otra cosa que la agudización de la que comenzó a hacerse visible hace aproximadamente cincuenta años. Ya en los años sesenta del siglo pasado comenzaban a aparecer todos los síntomas de una enfermedad que hoy tiene características de terminal: caída del poder adquisitivo de los salarios (la baja del salario real), desempleo, pauperización de la enseñanza pública (sueldos de administrativos y docentes y carencias materiales), marginación, problemas de vivienda, cracs bancarios, (vaciamientos, quiebras fraudulentas), etcétera. También por aquellos años el sistema de salud no era ajeno a la situación y empezaba a hacer agua. El sector público exhibía sus carencias al tiempo que en el mutualismo –hasta entonces un sistema sólido y eficiente– aparecían los primeros síntomas de una crisis que hoy parece a punto de estallar.

Mientras las instituciones de asistencia médica colectiva se tambalean, el inflexible gasto cero presupuestal condena al sistema que brinda Salud Pública a disminuir la calidad de la atención que presta, a pesar de los esfuerzos de los sufridos funcionarios médicos y no médicos. Entre otras cosas, porque mientras se impone el gasto cero, es decir, al tiempo que se congelan los rubros para la atención de la salud, la población pobre, en vez de congelarse para acompasar la avaricia gubernamental, sigue creciendo. Actualmente, casi la mitad de la población se asiste en los centros y hospitales del MSP; se trata de un incremento directamente proporcional a la pérdida de afiliados de las mutualistas.

En este enmarco se inscribe el conflicto de los funcionarios de Salud Pública que derivó en el paro por cuatro días comenzado ayer. Desde luego que no obstante mantenerse la atención de emergencias y urgencias, la medida afecta a los usuarios. Pero la justicia del reclamo legitima el recurso extremo, sobre todo teniendo en cuenta la negativa de las autoridades a atender las reivindicaciones salariales de los funcionarios médicos y no médicos. Incluso es de destacar la actitud positiva de los trabajadores, que aportan propuestas realistas para financiar el aumento salarial.

La respuesta oficiosa de la derecha no se ha hecho esperar. El editorial del matutino El Observador de ayer se pronuncia en duros términos contra la medida gremial. Se la califica de «salvaje ataque social contra los uruguayos más pobres», exhibiendo una inesperada inquietud por los desamparados. Es curioso, pues nunca se oyó que levantaran la voz contra los «salvajes –y reiterados– ataques» de que son víctimas los uruguayos más pobres –y también los un poco menos pobres, así como los que antes no lo eran y ahora sobreviven bajo la ominosa línea– de parte del modelo inhumano que esa misma derecha propugna como la salvación. *

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