La Universidad empobrecida

Hace algunas horas, el rector de la Universidad de la República, ingeniero Rafael Guarga, en el programa Bitácora TV que se emite los miércoles por TVLIBRE, dio a conocer una realidad que no por sabida deja de asombrar. La caída del salario de los universitarios, docentes y no docentes, desde 2001 a la fecha supera el 41 por ciento. Léase bien ese porcentaje. Los docentes y administrativos, cuyos sueldos no eran para nada altos, tuvieron en ese período una caída salarial de ese monto intranquilizante, casi asombroso, que muestra la profundidad de la recesión uruguaya continuada por una crisis que, pese a los cantos de sirena de algunos, todavía no ha comenzado a revertirse.

Por ello la Universidad, como le autoriza la Constitución de la República, ha solicitado un refuerzo presupuestal de 1.000 millones de pesos, con el que se propone no sólo actualizar el sueldo de su personal sino, además, refaccionar la planta física del Hospital de Clínicas, tarea ineludible que de no concretarse de inmediato determinaría males mayores y, obviamente, erogaciones imposibles de prever.

El tomar conciencia de la brutal caída salarial llevó a uno de los conductores del programa a comentar que esa es la situación de la mayoría de los funcionarios públicos y, por supuesto, de los de la actividad privada que se encuentran con un deterioro de sus ingresos similar. Los docentes y funcionarios de la Universidad, como resultado de esa situación, tienen una participación menor en el mercado interno, que se puede medir por el porcentaje de esa caída salarial.

Lo mismo ocurre con los demás trabajadores, menos algunos que por otra razones han podido conservar su poder adquisitivo. Esa caída del ingreso determinó el achicamiento de la masa de dinero que existe en la economía afectando su reducción el funcionamiento de la misma. Recordemos que el Producto Bruto Interno cayó en la sideral suma de 10 mil millones de dólares.

Esa cifra de destrucción de riqueza, si afinamos el análisis, veremos que está estrechamente vinculada a esa caída salarial, que redujo el mercado interno en un porcentaje similar, afectando a empresas de todo tipo, incluso de servicios. Solamente y en alguna medida, las que tienen un control monopólico del mercado, en las primeras etapas del deterioro, pudieron sortear el descalabro. Sin embargo, en el último año calendario el deterioro comenzó a causarles consecuencias difíciles de resolver. La gente consume menos energía, se comunica también en menor forma (la caída mensual de cómputos de Antel, Ancel y Movicom se contabiliza en millones de pulsos mensuales), dejó de cargar combustibles (Ancap, que facturaba más de mil millones de dólares al año, recauda menos de 700 ). La situación de OSE es similar, a lo que se le suma (en similitud a lo ocurrido con Ancap en sus negocios con la actividad privada) el fracaso de la privatización de servicios en el departamento de Maldonado.

Somos conscientes, cómo no serlo a esta altura, que es muy difícil que el reclamo de la Universidad de la República sea considerado y aprobado, como sería bueno para el país en su conjunto. Ello sería un signo de apertura mental, de que se aventan no sólo dogmatismos en materia económica, sino también política. La Universidad ha sido víctima de una cerrazón histórica pese a la labor gigantesca que ha cumplido y cumple en la capacitación de la gente en las más diversas disciplinas.

En este caso, solucionando esta situación planteada, se estaría mostrando que se intenta recorrer un camino destinado a la reactivación económica, además de retener en el país a la gente más capacitada. *

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