Las internas partidarias

En todos los partidos políticos de todas las latitudes es inevitable que aparezcan disidencias que se expresan en sectores o fracciones con características propias que pugnan por el liderazgo de la colectividad. Muchas veces se trata de diferencias estratégicas, otras, de divergencias ideológicas, y por fin, están las divisiones debidas a personalismos.

Pero esta característica se potenció en nuestros partidos tradicionales durante el siglo pasado al punto de albergar en su seno corrientes de opinión diametralmente opuestas. Y merced al perverso mecanismo del doble voto simultáneo, ambos partidos tuvieron la particularidad de ofrecer a la ciudadanía, al amparo de un mismo lema, opciones electorales tan disímiles como Ribas y Michelini en el Partido Colorado, o Wilson Ferreira y Aguerrondo en el Partido Nacional.

Esta anomalía se convirtió en un burdo engaño al electorado que la izquierda denunció desde siempre como un mecanismo tramposo. Hugo Batalla logró una síntesis perfecta con su célebre sentencia «En este país el voto es tan secreto que ni el propio elector sabe a quién votó», con lo que resumía con particular ironía el fenómeno por el cual muchos ciudadanos que se proponían elegir a un candidato progresista terminaban aportando su voto al triunfo del adversario conservador.

Si alguna virtud tuvo la reforma electoral de 1996, ella fue la de terminar con tamaña aberración. Cada partido debe concurrir a los comicios con un solo candidato presidencial surgido de elecciones internas previas a la elección nacional. La nueva norma creó una realidad diferente y aceleró el proceso por el cual los partidos tradicionales fueron perdiendo sus propuestas progresistas. En el Nacionalismo  una vez desaparecido el último caudillo que dio una impronta progresista a la vieja colectividad de Oribe  y a pesar de que cuenta en sus filas con sectores influidos por el ideario wilsonista  como Alianza Nacional, orientada por el senador Larrañaga , el predominio del Herrerismo se mantiene y se acrecienta empujando al Partido cada vez más hacia la derecha del espectro y emparentándolo así con su rival tradicional.

El Partido Colorado, por su parte, aparece más homogéneamente conservador. Bueno es recordar que durante la dictadura hubo un movimiento de corte netamente progresista, heredero de Arena, Grauert, Flores Mora, Hierro Gambardella, que se ofreció como el ala izquierda del viejo partido de Rivera, encarnada en Manuel Flores Silva, Víctor Vaillant y alguna que otra figura más o menos relevante. Pero poco a poco los empujes progresistas dentro del Coloradismo fueron diluyéndose hasta prácticamente desaparecer, devorados por una maquinaria implacable. Vaillant y su Movimiento de los Claveles Rojos advirtieron que no tenían lugar en el Coloradismo y optaron por abandonar el viejo lema para sumarse a las fuerzas progresistas.

Sin embargo, otros sectores y otras personalidades luchan aún por un espacio de izquierda que se vuelve cada vez más esquivo. El grupo Batllismo Abierto, conducido por el doctor Ope Pasquet, ha salido a cuestionar con particular dureza el funcionamiento del Partido Colorado, en lo que parece ser un último intento por democratizar a la vieja colectividad.

Aunque de éxito dudoso, no deja de ser saludable este afán renovador. *

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