El instrumento y la obra
Algunos buenos compañeros frentistas insisten y reiteran con que la actitud de confrontación y oposición del Frente Amplio es una rémora que arrastramos a causa de nuestros orígenes contestatarios y que, necesariamente, cuando lleguemos al gobierno tendremos que poner en práctica medidas que hoy criticamos.
Habitualmente, en nuestros comités de base, se reacciona de manera muy crítica contra este razonamiento, al extremo de poner en duda el carácter de frenteamplistas de los que expresan tales pronósticos. Y yo, qué quiere que le diga, creo que no es conveniente que el pelo esté tan largo como para que le cubra el cuello, ni tan corto, como para que se vean los sesos.
Mi padre fue carpintero, experto en el manejo del serrucho. Fabricaba muebles muy útiles aunque no todos eran bonitos. Con el mismo serrucho, Jack el Destripador realizó tareas menos atractivas. Dicho de otra manera: los frenteamplistas queremos –por ejemplo– que Ancap crezca hacia el exterior; pero no compartimos la aventura de Sol Petróleo. ¿O sí? Estamos de acuerdo con mejorar la gestión de las oficinas y organismos del Estado; pero no compartimos el atropello a los funcionarios, sustituyéndolos por personal contratado a término y elegido a dedo. ¿O sí? Apreciamos de manera positiva el éxito del canje de bonos del Estado; pero recelamos respecto del silencio referido a la otra deuda, la del Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y Fondo Monetario Internacional, que es mayor a la refinanciada y vence entre 2004 y 2005. ¿O no? Tratamos de que los fondos depositados en las AFAP no pierdan valor o desaparezcan; pero no compartimos en absoluto un sistema de seguridad social de carácter especulativo, que expolia a los trabajadores que están en él y que ha acentuado enormemente el déficit del Banco de Previsión Social. ¿O no?
Yo estoy seguro de que un gobierno del EP-FA se verá necesitado de usar instrumentos similares o iguales de los que actualmente usa el gobierno. Pero la finalidad será totalmente distinta. El énfasis de ese gobierno estará centrado, prioritariamente, en la mejora de la calidad de vida de los uruguayos, manteniendo los equilibrios necesarios para el mundo en que vivimos. Y eso es totalmente distinto de poner toda la carne en el asador para mantener los equilibrios macroeconómicos, rogándole a Dios para que mejoren las condiciones de trabajo, salud y educación de nuestros compatriotas.
Cada vez que los dirigentes blancos y colorados vichan una encuesta que confirma el crecimiento del EP-FA reaccionan manifestando que no estamos en condiciones de gobernar porque nos falta seriedad; porque, en definitiva, si somos serios, veremos que no se puede gobernar distinto a como gobiernan y gobernaron ellos.
Creo que los compañeros que vaticinan la necesidad de recurrir a medidas que hoy criticamos, en un futuro gobierno progresista –sin diferenciar el abismo que media entre el instrumento y la obra– razonan funcionalmente con el mensaje de los dirigentes colorados y blancos. Opino que será muy conveniente, para la mejor comprensión de todos –es decir, que nadie caiga en el error de creer que somos todos iguales– explicar exhaustivamente el resto del razonamiento que hoy está trunco. *
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