Toba: un mártir blanco olvidado por el H. Directorio

Hace 27 años aparecían en el baúl de un auto abandonado en la ciudad de Buenos Aires, los restos mortales de un blanco ejecutado presumiblemente por la Federal Argentina. Gutiérrez Ruiz, más allá de las discrepancias o identidades que se pudieran haber tenido con él por aciertos o errores cometidos en la vida política, en un momento crítico muy duro y comprometido que vivió el país, nadie le puede negar su calidad de blanco.

No hay ni existió jamás en momento alguno, declaración o documento firmado por él que dijese haber abandonado el partido. Es más, lo matan, entre otras cosas, por su definida defensa de la Constitución y la ley. Principal bandera heredada como mandato imperativo histórico por el brigadier general Manuel Oribe. Y punto.

Las deducciones que se puedan sacar posteriormente, ninguna está probada y por ende deben pasar por calumnias que en el quehacer político son por cierto comunes. Los hechos objetivos fueron los probados. Lo sacaron a punta de pistola del hotel y posteriormente, sin juicio, sin razones justificantes y sin darle la más mínima posibilidad de defensa legal o física, cobardemente lo ejecutaron. Esta es la historia objetiva.

Los hechos actuales son otros.

Los partidos políticos, todos, recuerdan y homenajean a sus muertos que en el tiempo que actuaron merecieron un «ítem» destacado en la historia.

Por supuesto, con las discrepancias que sectores no coincidentes en vida con ellos, se reserven el derecho a no concurrir. Y eso es legítimo. Pero nadie niega un homenaje recordatorio obligado a esas figuras y si murieron trágicamente como en el caso del «Toba», con más razón se merecen. El Honorable Directorio y sus «doctores» no es la primera vez que al respecto sufren de amnesia partidaria.

Retacean mezquinamente recordatorios a sus memorias. Nada menos que a Wilson, tampoco le hicieron homenajes en su último aniversario.

Afloraron, quizás, viejos «rencores» y al «Toba» jamás le hicieron nada. Se recuerda, y es lógico a Oribe, Leandro Gómez, Saravia y Herrera, y de vez en cuando algún otro que le venga a la memoria circunstancialmente a alguien «despierto» momentáneamente y que no «moleste» históricamente.

Pero, bueno es recordar, al Partido Nacional no lo hicieron con todo lo grande que fueron los mencionados solamente, sino todos los que en forma gravitante y destacada ayudaron a su grandeza. Que yo sepa, ninguno de los que actualmente se sientan en el Honorable, han merecido ni creo que lo vayan a merecer por ahora, ni una triste necrológica en el más mísero «pasquín» partidario cuando les toque.

En cambio, sin duda, Wilson y también el «Toba» dejaron un mojón de honor, dignidad, y gloria entre los blancos cuyo legado, desde Oribe a la fecha, fue la rebeldía y defensa de las leyes que fue el basamento de la patria misma.

Lo menos que se le puede pedir al presidente del Honorable Directorio es que concurran, aunque sea bastante tarde, a dejar un clavel blanco en la tumba de Gutiérrez Ruiz.

Capaz que me equivoco. Pero creo que fue más blanco y nacionalista que la mayoría de los que allí se sientan.

¡Vivan los blancos con dignidad, carajo! *

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