La artimaña demagógica del Herrerismo
Todos reconocemos la capacidad estratégica que tiene el ex Presidente de la República, Dr. Luis Alberto Lacalle. Es un líder nato que siempre traza la táctica a desarrollar con el objetivo de lograr el mejor posicionamiento posible para su partido.
La propuesta del ajuste político del Herrerismo está encuadrada en la defensa de esa conveniencia partidaria.
Las distintas reformas Constitucionales que ha propiciado la derecha, siempre han tenido el objetivo de adaptarse a las realidades del momento. Es así que cuando se quiso dar más poder y autoridad al Poder Ejecutivo, en detrimento del Poder Legislativo, se recurrió a la Reforma; de igual manera se hizo cuando se aspiraba a darle mayores potestades al Presidente de la República. Recientemente, en 1996, la campaña por la Reforma Constitucional se basó, sobre todo, en la promesa de descentralización del interior del país, artículo 230, situación que hasta el momento no ha prosperado. Pero el real fundamento para dicha Reforma fue impedir el triunfo del Encuentro Progresista- Frente Amplio en las elecciones de 1999 e implementar una segunda vuelta electoral, entre los dos candidatos más votados en octubre, llamado balotaje.
Estos breves antecedentes señalan que cuando los partidos tradicionales presentan reformas constitucionales, siempre existen intereses políticos partidarios que buscan beneficios electorales.
En el caso de la propuesta del Dr. Lacalle se deja de lado inclusive, el postulado principista del nacionalismo de defender firmemente, en todos los tiempos, la representación proporcional integral, que es lo contrario a los argumentos manejados de «fortalecer el sistema democrático representativo». Es por ello que integrantes de ese Partido han salido con vehemencia a cuestionar la propuesta. Lo hacen, entre otros, el Dr. Juan Andrés Ramírez y el ex ministro de Industria, Sergio Abreu. Se agrega a esa discrepancia el diputado por la Lista 15, Amorín Batlle, quien expresa que «el Partido Nacional se vería beneficiado teniendo más diputados en proporción a los votos obtenidos, y el EP-FA se vería perjudicado obteniendo menos diputados que los votos logrados».
Por otra parte, un informe preliminar del analista Oscar Botinelli, de 11.05.03, indica con claridad que la propuesta del Dr. Lacalle sistema desproporcional significaría que en una eventualidad del 40% de votación del EP-FA, éste perdería seis diputados y el Nuevo Espacio tres, los cuales irían a incrementar en cinco diputados al Partido Nacional y en cuatro al Partido Colorado. Más claro imposible.
En consecuencia, el porcentaje de bancas de cada partido, no estaría acorde con el porcentaje de votos.
Se agregan además otros aditivos: 67 diputados, 25 senadores, disminución de representantes en el área metropolitana; la realización de elecciones de las autoridades municipales el mismo día que la elección nacional; límites de gastos en las Intendencias Municipales y Juntas Departamentales y topes para el déficit fiscal y límites de recursos para el Poder Legislativo y Presidencia.
En el proyecto existen varios cangrejos bajo la piedra. Uno de ellos, como se desprende de lo que expresé, es eliminar la representación proporcional integral y habilitar a que departamentos del Interior, fuera del área metropolitana, cuenten proporcionalmente con mayor número de diputados, en detrimento de Montevideo y Canelones. Otro es la pretensión de volver a elecciones simultáneas a nivel departamental y nacional, aprovechando el Partido Nacional la buena votación en las elecciones departamentales de mayo de 2000, que logró trece intendencias, por lo que aspiran a arrastrar, nuevamente a los votantes del Interior para que también los voten a nivel nacional. Un tercero es utilizar la «rabia» de la gente por falta de trabajo y necesidades sociales argumentando que el proyecto disminuirá gastos del Estado, cuando el objetivo es notoriamente oportunista.
No entro a calificar estas actitudes, como sí lo hacen destacados dirigentes nacionalistas, pero alerto que este operativo está destinado a lograr claros réditos partidarios, para intentar superar una situación de minoridad electoral absoluta, como lo marcan las encuestas nacionales y el pulso que sentimos en todo el país.
Es natural que un partido o un sector, aspire a crecer en la opinión pública, pero lo debe hacer con transparencia y dejando de lado maniobras políticas o estrategias que no hacen otra cosa que desprestigiar al sistema.
Nuestros ciudadanos tienen una gran preparación cívica y cuando se detectan este tipo de artimañas las rechazan categóricamente. Los artificios y ardides históricos de dirigentes de los partidos tradicionales, deben cesar.
En estos tiempos de descreimiento, de dolor y desconfianza profunda es necesario actuar con el máximo de ética y moral política. *
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