El cuidado de los dineros públicos
Los temas financieros siguen determinando hechos sugestivos que muestran la desaprensión del gobierno para utilizar los dineros públicos en instituciones financieras, máxime cuando el nivel patrimonial, de acuerdo a las exigencias de funcionamiento del Banco Central para ese tipo de entidades, no superan los siete millones de dólares.
Se nos puede argumentar que ese dinero era necesario para habilitar su funcionamiento y, definitivamente, el presumible éxito en su gestión. Sin embargo la experiencia del año anterior sirvió de poco, porque el nuevo ministro de Economía actuó de la misma manera de su antecesor, entregando una suma incalculable a una entidad financiera sin que exista ninguna constancia de que será devuelta.
Entendemos que las autoridades del Nuevo Banco Comercial, luego de analizar la situación patrimonial de la entidad vaciada por los hermanos Röhm, deben haber planteado condiciones. Es que abrir las puertas de un nuevo banco, sin contar con suficiente liquidez, no hubiera sido posible. Ni siquiera cumplir mínimamente con los acuerdos logrados con depositantes y trabajadores. Sin embargo, más allá de esos compromisos, habría que repensar lo que significa para un Estado colocar cientos o miles de millones de dólares, a pérdida total, como si el país estuviera en el mejor de los mundos.
Existe una diferencia entre la irresponsable política de Bensión, que fue avalada por el Presidente de la República, de utilizar primero las reservas monetarias, luego cambiando el destino en base a las órdenes verbales de fondos presupuestales depositados en la Tesorería de la Nación y posteriormente utilizar cuantiosos empréstitos externos, para tratar de salvar un sistema financiero cuya estructura era insostenible al cambiar su funcionalidad hacia la Argentina.
Se utilizaron miles de millones de dólares que cayeron en saco roto, desapareciendo, sin que ningún uruguayo, que son los verdaderos propietarios de ese dinero, sea resarcido alguna vez por los trágicos errores de esa dispendiosa política.
Por ello, el conocimiento de esta nueva partida, de 120 millones de dólares para financiar a una nueva entidad financiera, es un hecho preocupante. Por supuesto que en esta ocasión las razones de ese aporte podrían entenderse. El objetivo es posibilitar la apertura de un banco, lo que fue una resolución conjunta de todo el sistema político.
Sin embargo, entendemos que esa nueva inversión, quizás relativamente más importante para el país que algunas de las anteriores, por su proporción con el PBI, se debió haber instrumentado a la luz del día, sin los ocultamientos que se registraron que no le hacen bien a nadie. Los miles de millones de dólares que ha perdido el país son cuantiosos. Si el destino de todo ese dinero hubiera sido la producción, la financiación de exportaciones, la mejora del mercado interno, abriéndose líneas de crédito para la creación de nuevas industrias, el país viviría una situación distinta. A ese derroche hay que ponerle coto. No se puede seguir utilizando el dinero de los uruguayos, cantidades cuantiosas, a total pérdida.
Hay que cuidar, escrupulosamente, los dineros públicos. El país no puede soportar otra cosa. *
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