Vuestras guerras, nuestra paz

Desde un tiempo a esta parte nos quieren convencer que el mundo está en guerra.

¿Cuál guerra? ¿La guerra contra el hambre, la desocupación, el analfabetismo, las epidemias de enfermedades curables, el trabajo esclavo, la explotación del trabajo infantil? No, la guerra que nos quieren adoctrinar es la guerra contra el llamado terrorismo.

Es la guerra fundamentalista del bien contra el mal.

Por un lado estarían los países » democráticos » y del otro lado los países del «Eje del Mal».

Ya cayó el primer eslabón del eje del mal, pero ya vendrán los tiempos para declarar la guerra contra los otros países del mal.

En un artículo de James Woolsey, ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), publicado por el diario Clarín, se afirma de una manera descarnada:

«En un sentido, como observó el Prof. Eliot Cohen de la Universidad John Hopkins, ingresamos en la IV Guerra Mundial. Más que una guerra contra el terrorismo, es una guerra para llevar la democracia a aquellas partes del mundo árabe y musulmán que amenazan la civilización liberal que tanto nos costó construir y defender…». Por supuesto que esto abarca al continente americano y a la República de Cuba.

En cuanto a los plazos de esta guerra este «pacífico y democrático» ciudadano estadounidense nos vaticina:

«Espero que no dure más de 40 años como la Tercera Guerra Mundial (La Guerra Fría, agrego), pero, seguramente será más larga que la Primera o Segunda guerra Mundial. Probablemente lleve décadas».

Con estas palabras monstruosas se quiere justificar el uso de cientos de miles de millones en gastos militares y beneficiarse de las reconstrucciones de los países destruidos.

Por otro lado desde el ángulo nacional hay quienes quieren crear en lo interno un clima de confrontación, que evite el lógico recambio político y de orientación económica, que todas las encuestas vaticinan.

Desde quienes hablan de la guerra contra el marxismo, o califican a la Comisión para la Paz «un peldaño más para facilitar la toma del poder por parte del marxismo», llegando al desvarío de amenazar «el que quiere guerra, guerra va a tener».

También están los que caen en el ridículo de hacer simulacros de fusilamientos, haciendo de verdugos para cargar las armas simuladas.

O los que la emprenden contra los intelectuales porque no se prestan a formar parte de jurados literarios con figuras políticas partidarias lanzadas a campaña electoral.

En política internacional se abandona una política de Estado y se cae en un seguidismo » de relaciones carnales» con la política exterior norteamericana, que nos aleja de los países vecinos, con quienes nos debemos una política de hermandad regional o se llega al desvarío de apostar a un candidato presidencial en la elección argentina, en una intromisión inadmisible en la política interna de un país vecino.

Si no les gustan las sentencias judiciales se ataca al Poder Judicial, se buscan los antecedentes políticos de jueces y fiscales, como si estuviéramos en dictadura, hecho que mereciera una respuesta firme y contundente por parte de juristas incuestionables, calificándolos como «infelices e impertinentes».

Se abre fuego al barrer y se embiste como toros enceguecidos.

Uno pensaría que un sector político responsable del desastre Banco Hipotecario por haberlo administrado durante dieciocho años y llevado a la bancarrota, tendría la modestia republicana, de hacerle dar un paso al costado al actual «presidente de las gauchadas», pero sería pedirle peras al olmo.

No los vamos a acompañar en su política del barro.

Nuestras batallas son para crear un clima de paz, de reactivación económica, de fomentar las oportunidades y los recursos para los sectores tradicionalmente empleadores de mano de obra.

Cuando los niños mueren de hambre y el estado sanitario de la República da pavor, las políticas sociales de carácter universal, deben apoyarse en políticas de salud pública y de educación pública, que tienen redes territoriales, junto a las Intendencias, para dar una cobertura apta para combatir el hambre y la desnutrición.

Por eso saludo el mensaje de los trabajadores en el reciente 1º de Mayo, el más grande de los últimos años, donde se propuso abrir un trabajo conjunto para una Estrategia de Desarrollo Productivo y Social, construido con la más amplia participación de todos los uruguayos, sin exclusiones.

El marco de una inserción internacional a través de un Mercosur transformado, de complementación productiva y de avances sociales, culturales y democráticos.

Un Mercosur donde las empresas transnacionales participen sometidas a metas de desarrollo regional y nacional, y donde se propulse una división del trabajo regional equilibrada, compensando las asimetrías y respetando las situaciones de naciones menos favorecidas.

Una política de exportaciones que generen trabajos de calidad, premien el valor agregado y el trabajo nacional y desestimulen la simple exportación de materias primas y productos semiterminados.

Una política de reforma agraria integral, que genere trabajo, base de un proyecto agroindustrial que desde el agro fortalezca una política de cadenas productivas industriales, ya que sin industria no habrá futuro.

Acceso al crédito y al perfil tecnológico adecuado a nuestra realidad junto a las condiciones de infraestructura que aseguren el afincamiento de la gente en el campo.

En el centro de una estrategia país está la gente y como dice Artigas:

«No tenemos más enemigos que los que se oponen a la pública felicidad».

Trabajemos por la gente y por el país y que ellos sigan desplegando guerras absurdas y ridículas. *

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