Marginación: una afrenta para la sociedad
La crisis que vive el país se está expresando de manera dramática y descarnada en los indicadores de desnutrición infantil que, tanto en Montevideo como en el interior del país, superan los máximos establecidos por la Organización Mundial de la Salud.
Esa situación, gravísima desde todos los puntos de vista, es la resultante de una clara política que tendió a marginar a cada vez mayores sectores de la población que sobreviven en condiciones infrahumanas, en viviendas de chapa y cartón, alimentándose malamente de lo obtenido en transitorias changas o en merenderos que, de alguna manera, cumplen una tarea invalorable. Claro, estas personas, miles y miles, son las que todavía tienen alguna vinculación con el resto de la sociedad.
Pero están también lo que han quedado fuera de la sociedad, cuya calidad de vida no es contabilizada, que malviven y mueren sin abrigo, sin asistencia médica, que se alimentan en la mejor de las situaciones con lo obtenido en el cirujeo. Allí, obviamente, se verifican dramas humanos que no son contabilizados en las estadísticas pero que sabemos que existen. Uruguayos que mueren entre trapos, sobre pisos de tierra, que tampoco concurren a los hospitales estatales. Son miles y miles de uruguayos a los que el modelo económico los ha degradado a niveles infrahumanos y ya han perdido todo contacto con la propia sociedad. Para hacerse sentir, la agreden.
En ese escenario es donde se verifican los casos de desnutrición infantil más agudos, que se han incrementado pero que siempre han existido. ¿Dónde buscar las responsabilidades de esta enormidad?
Y otra interrogante: ¿Es posible que ante esta situación social, con extremos desesperantes, los organismos públicos recurran al asistencialismo más superficial sin nunca adoptar las medidas imprescindibles, de fondo, necesarias para poner fin a esta situación que es sin duda una afrenta para la sociedad toda.
¿Alguien puede creer que aumentando a 90 mil litros de leche los que se reparten en las zonas marginadas, se tenderá a solucionar una situación de la que es responsable el modelo de exclusión que ha aplicado el gobierno? ¿Es posible que, para solucionar la situación de la gente que pernocta en la calle, durante el invierno se abran improvisados albergues a término que se cierran con la aparición de los calores?
Por supuesto, hay que seguir adelante tratando de sortear la emergencia pero sabiendo que el crecimiento de la miseria, consecuencia de la brutal política económica, no se detendrá acercando un poco de leche a algunos. Con ello, quizás, se pueda sortear en algo la inminencia de la muerte, pero el caldo de cultivo de tanto horror seguirá estando presente.
La marginalidad es una consecuencia del modelo que tanto defiende el presidente Jorge Batlle, fenómeno que se ha repetido en cuanto país se aplicaron los lineamientos acordados en el Consenso de Washington. En la Argentina, por datos fehacientes, alrededor del 57 por ciento de la población vive por debajo de la línea de la pobreza. En Uruguay los cómputos son confusos, no actualizados, pero el crecimiento de la marginalidad ha sido explosivo, y a ello se suma un Estado absolutamente carente de reflejos humanitarios. *
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