El ajuste político y la representación proporcional
Finalmente, el Partido Nacional oficializó el lanzamiento formal de la idea de su conductor, doctor Luis Alberto Lacalle, de proceder a un «ajuste político». Mediante una ley constitucional que lleva la firma de todos los legisladores y dirigentes del Herrerismo el sector liderado por el ex presidente se propone nada menos que una reforma de la Carta Magna.
Esta vieja aspiración del doctor Lacalle tomó nuevo vigor cuando la crisis que afecta al país desde que asumió el gobierno actual llegó a su punto más alto. Ante la situación, todos los dardos se dirigieron a los gastos excesivos del Estado y la opinión pública empezó a cuestionar con severidad a las instituciones, y especialmente al Parlamento, tomándolo como chivo expiatorio de todos los males; se generalizó la peligrosa percepción de que los legisladores gastan demasiado y hacen poco o nada. En ese contexto, el Herrerismo presentó como panacea la reducción del número de diputados y senadores, como forma de aliviar las exhaustas arcas del Estado.
Ya entonces, se vio la propuesta herrerista como un recurso en cierto modo demagógico pues atendía más al reclamo popular que a las verdaderas y profundas causas de la crisis.
La reducción del número de legisladores puede ser una iniciativa atendible; hay incluso una idea de algunos dirigentes del MPP de un Parlamento monocameral. Sin embargo, el ahorro que ello conllevaría para el erario resulta francamente poco significativo frente a otros gastos que sí inciden en el presupuesto.
Pero más que este aspecto en definitiva menor, cabe llamar la atención sobre lo que podría significar la reducción del número de parlamentarios en lo que tiene que ver con la representación proporcional integral. Y resulta sorprendente que una propuesta de este tipo provenga precisamente de filas nacionalistas, un partido que hizo de la representación proporcional integral una de sus más caras banderas de lucha. Sin perjuicio de reconocer que es posible realizar ajustes al sistema político, esa famosa representación proporcional debe ser defendida a capa y espada pues es la única forma de garantizar la representatividad del Parlamento. En ese Poder del Estado radica la esencia de la democracia, pues es en ese ámbito donde todos los sectores de la sociedad hacen oír su voz por intermedio de sus representantes; debe, por tanto, ser el reflejo lo más fiel posible de todas las corrientes de opinión que la sociedad alberga. De manera que cualquier intento de acotar la representación proporcional integral merece ser denunciado como un retaceo al ejercicio de la democracia. *
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