Política cambiaria y reactivación

El incipiente veranillo que está viviendo la economía uruguaya, luego de cinco largos años de un largo invierno con tormenta, es el resultado de algunos equilibrios distintos que se han comenzado a verificar. El hecho que ha impulsado ese repunte, todavía inverificable para el grueso de la población, tiene relación con un grueso atraso cambiario que se ha producido en los dos países vecinos y a otra comprobación: la moneda uruguaya está depreciada frente al dólar norteamericano, lo que da mayor facilidad para algunas exportaciones.

Según algunos economistas el peso uruguayo, que antes de la devaluación de junio del año pasado tenía un valor muy alto frente al dólar, encontró cierto equilibrio luego de la devaluación de junio del año pasado, para invertir el plano en los últimos meses, como contrapartida de la apreciación de las monedas de los vecinos.

Para el economista Adrián Fernández, el punto de equilibrio no se encuentra ni en la situación del retraso cambiario anterior, ni en la actual, con una depreciación del peso que –según su opinión– es excesiva. Ese sobreajuste se visualiza como el resultado de las muy altas expectativas de devaluación que existieron luego de la modificación cambiaria que llevó a la cotización de la divisa norteamericana, como hoy se puede observar en las pizarras, a 30 pesos. Para el economista el nivel de equilibrio podría estar hoy en los 24 pesos por dólar.

Este tema se está manejando a nivel técnico sin que todavía se adviertan intensos movimientos comerciales que sean el efecto de esta situación, pese a que se hace evidente que los flujos de mercancías están mostrando tendencias favorables a nuestro país. Hay otro elemento que está apareciendo como consecuencia de la caída de las importaciones, que es un relativo florecimiento de algunos sectores de la industria de alimentos que han comenzado a ampliar la producción de renglones que sustituyen a otros que antes provenían del exterior.

De mantenerse la actual relación cambiaria un mayor tiempo, podrían comenzar a advertirse tendencias de flujos comerciales favorables a Uruguay que mejorarían el perfil de empresas con capacidad suficiente como para aumentar su producción sin tener que recurrir a una de las prácticamente inexistentes líneas de crédito, hoy por hoy vedadas, que son imprescindibles para financiar las exportaciones.

Sin embargo, pese a estas condiciones momentáneamente favorables al país, el deterioro del aparato productivo es de tal magnitud que se hace difícil predecir de qué manera se podrá verificar una reactivación que se transfiera, de alguna manera, a la gente. Y, menos aún, saber si los empresarios se arriesgarán a incrementar su producción exportable, sabiendo que ese sector –sin duda el más vulnerable a cambios que se pueden desencadenar en horas– mantiene equilibrios más que inestables. El reaseguro de esas empresas, como se ha sostenido reiteradamente, está en una venta fluida en el mercado interno, pata insustituible para sostener cualquier esfuerzo productivo. Y lamentablemente para los intereses generales, los números expresan lo que todos sabemos: que el mercado interno se sigue reduciendo en volumen y capacidad de compra, proceso que ha sido determinante para el actual estado de cosas.

Tener conciencia de esto es esencial. El país no saldrá adelante jugándose sólo a las exportaciones. Lo hará cuando los uruguayos, pese a la pequeñez del mercado, podamos consumir de acuerdo con nuestras necesidades, hoy subvaluadas por una masa de dinero que es menor a los flujos necesarios para llevar a la economía en niveles de estabilidad. *

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