Fabián, Marcela, Johnatan, Carlos Andrés …
el miércoles el cielo estaba encapotado, gris, tres bebés amanecieron muertos. Fabián tenía tres meses de edad, vivía en la Tablada pesaba 4 Kilos 500 gramos, su hermano gemelo Johnatan un kilo más, está internado en el hospital Pereira Rossell en estado grave, el segundo, Marcela, una beba de 8 meses pesaba 3 kilos, vivía en Casavalle y el tercero Carlos Andrés era un bebé de 9 meses, que vivía en la costanera del arroyo Miguelete también, al igual que Fabián, y Marcela, se murió de hambre.
Hoy también murió Johnatan.
Vivimos en un país que no está en guerra, que tiene una democracia republicana, con poderes independientes, que no está padeciendo de ningún bloqueo externo, y que posee una geografía donde abunda el agua, la tierra es fértil y el clima no nos da mayores dolores de cabeza; además estamos a 12.905 Km. de Bagdad. Pero lejos estamos de estar en un paraíso. Tenemos víctimas inocentes, evitables, que sabiendo que están ahí, poco hicimos y hacemos por evitar. Obviamente no creemos que, en el caso de la tercera chiquita, que la Justicia investiga si hubo malos tratos y abandono por parte de los padres, en caso de confirmarse esta hipótesis, sea el nudo de la cuestión. Los tres vivían en condiciones de marginalidad, y los tres, estamos convencidos, de que son víctimas de la tan mentada «INFANTILIZACIÃN DE LA POBREZA». Los tres murieron de hambre y eso es evitable con «intervenciones preventivas», tan en boga en estos tiempos, pero, por supuesto que para salvar, no para matar.
Estamos siendo testigos en cada esquina de las víctimas de la más flagrante violación a los derechos humanos, pero, quienes nos gobiernan están con la ñata contra el vidrio, mirando para afuera preocupados en ver dónde está la injusticia, dónde están las violaciones de los derechos humanos, como si el crecimiento que hay de los asentamientos irregulares, que son la consecuencia, el foco y razón de estas tres muertes, fueran sólo datos de la «realidad», inmodificables, fríos, vacíos de contenido, están ahí pero qué se le va a hacer. Siempre apresurados con cumplir con las «grandes» políticas, con los «grandes» compromisos, con las «grandes» cuentas al día, en fin con los grandes…y mientras tanto los chicos…
Decía un poeta, «cuántas muertes serán necesarias para que nos demos cuenta de que ya son demasiadas…», esto, aplicable a lo que sucede en Irak, en lo que es hoy el infierno del mundo, lo es también para nuestro pequeño infierno, para no tener nuestras pequeñas víctimas.
La muerte por desnutrición, es quizás la peor, imaginemos tan solo por un instante qué terrible debe ser sentirla, esa debilidad que va consumiendo de a poco, que lleva a que en la mayoría de las veces no sea esta la razón de la muerte sino que bajo esas condiciones aparece un sinfín de padecimientos más, pero quizás, la desazón que va ganando sea, y digo sólo quizás, la razón de nuestro final. Es terrible tan solo pensarlo, entonces pongámonos en testigos, cómo nos sentiríamos viendo un niño, un bebé, ver cómo se apaga, es inhumano, pero si pensamos como padres, en realidad es inimaginable.
Dice una canción «cómo me duele la vida», por eso es nuestra obligación reflexionar sobre el presente,
El 90% de los niños que viven en asentamientos irregulares nacieron allí.
El 50% de la población de los asentamientos son menores de 18 años. Gran parte de ellos padres.
Alrededor de 300.000 uruguayos viven en asentamientos.
El 53% de los niños de nuestro país viven por debajo de la línea de pobreza.
¿Es esta la sociedad protectora de los derechos humanos? *
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