Cuando el gobierno tuerce la voluntad popular
Cuando en 1989, con el impulso de las organizaciones de jubilados y pensionistas, se incluyó en la Constitución de la República que la forma de actualización, de ajuste, de las pasividades debía ser al menos igual al Indice Medio de Salarios (IMS) se proporcionó al sistema de seguridad social de un elemento de justicia.
Justicia porque de esa manera los trabajadores de hoy y de ayer, hermanados en su origen e historia, en sus raíces, extendían esa unión al plano de sus ingresos económicos.
Y no sólo se trataba de justicia desde el punto de vista político e ideológico, hasta filosófico, en un sistema de solidaridad intergeneracional, de reparto, en el cual los trabajadores de hoy con sus aportes a la seguridad social hechos sobre sus salarios, contribuyen al pago de los retiros de los trabajadores de ayer, de los jubilados; también es una formulación correcta desde el punto de vista técnico.
Hubo agoreros que anunciaron la debacle total del sistema y del país, la vida mostró que no fue eso lo que pasó… otros fueron los Peirano, los Rhöm… y quienes nos han gobernado en todos estos años que simplemente veían que podían perder el control de lo que se venía usando de «variable de ajuste» para corregir los desaguisados que en materia económica hacían. Salarios y pasividades fueron históricamente el blanco de los recortes. Y en este marco, con el apoyo del 80% de los electores, se consagró la reforma del Art. 67 de la Constitución.
Y los ingresos de los pasivos sistemáticamente fueron recuperando su poder de compra. Desde que se aplica la reforma del 89 sólo en dos ocasiones se ajustaron las pasividades por debajo del IPC, una en 1995, y ahora en 2003… pero los gobernantes fueron pergeñando formas de torcer lo que el pueblo decidió.
Múltiples son los factores que inciden en los ajustes de las pasividades: el retiro del Estado de la negociación colectiva en el sector privado, menos del 20% tiene convenio; la modificación de la periodicidad de los ajustes de los trabajadores de la Administración Central a través de la Ley 16.903, que llevó a ajustes semestrales y anuales, arrastrando las fechas de ajustes de las pasividades; las distintas leyes que aumentaron, manipularon, el Impuesto a las Retribuciones y Prestaciones (IRP) que logra dos efectos al mismo tiempo: mueve a la baja el IMS, rebajando los ajustes de las pasividades y por otra parte genera ingresos a las arcas del Estado; todas perlas de un mismo collar.
Hasta el día de hoy hay quien sostiene que no es correcto el sistema vigente por imperio de la Constitución. Seguimos creyendo que es el mecanismo adecuado. Para esbozar una visión más técnica podemos hacer el siguiente ejercicio: el BPS recauda en base al salario de los trabajadores, en forma por demás simplificada para facilitar una breve explicación, las variables que determinan los ingresos al BPS, lo que se recauda, son los porcentajes de aportes (%), el salario (S) de cada trabajador y la cantidad de trabajadores (T) por los que se aporta; por otro lado, también simplificadamente: lo que egresa, es el monto de cada pasividad (M) y la cantidad de pasividades que se pagan (P). Para este ejercicio suponemos que lo que se recauda y lo que se paga es igual, entonces: % x S x T = M x P
La recaudación del BPS varía según cambie alguna de las tres variantes a la izquierda de la fórmula y lo que se eroga por pago de pasividades se modifica en tanto cambien alguno de los dos elementos a la derecha en la fórmula.
Las variaciones de S (salario de activos) se mide por el Indice Medio de Salarios, si M (el monto de cada pasividad) se ajusta por dicho Indice la ecuación no se altera, se mantiene incambiada. O dicho de una forma más simple si se quiere: si multiplicamos los salarios y las pasividades por el mismo número la situación se mantiene incambiada.
Si la situación financiera de la seguridad social a empeorado no fue por aplicación del Art. 67 de la Constitución, hay que buscar ese efecto en la modificación de los porcentajes de aportes (en los patronales, donde hoy casi se puede afirmar que son minoría los que pagan), en la menor cantidad de trabajadores por lo que hoy se aporta, en la plata que antes quedaba en el BPS y ahora se va a las AFAPs, etc. etc.
Y quede expresa constancia de que con estas afirmaciones no estamos diciendo que no se hubiese podido (y debido) otorgar mejores ajustes en las pasividades y en los salarios. Al respecto ilustra lo acordado en el Encuentro de Trabajadores por la Seguridad Social realizado en diciembre/2002 donde se propone mejorar los ajustes de las pasividades de menor monto a través de porcentajes diferenciales, atendiendo la situación de ingresos del núcleos familiar, por mencionar sólo una de las propuestas allí analizadas.
La Constitución marca el IMS como el mínimo ajuste a otorgar a las pasividades, y sabido es que existen otros mecanismo para financiar estas medidas.
Como hemos dicho también muchas veces: los temas de la seguridad social no son aislados dentro de la sociedad, y dentro de ella de los temas que hacen a la economía en general de la nación.
Trabajadores de ayer y de hoy estamos en situación crítica. Se ha perdido entre un cuarto y un quinto del poder de compra de hace un año (sin contar el efecto del aumento del IRP).
La leve mejoría en los indicadores de desempleo tal vez se deban considerar sin perder de vista otros indicadores que no se dieron públicamente como en otras ocasiones, por ejemplo la cantidad de jóvenes que salieron a buscar empleo por primera vez, el impacto del inicio de la temporada de verano, y los miles que se han ido del país, sin olvidar los miles que pasan al sector informal; así y todo estamos hablando de alrededor de 250 mil desempleados. La situación de la niñez empeora, se expande el flagelo del hambre y la desnutrición (paradoja en un país netamente productor de alimentos).
En este gris panorama, creemos que, más que nunca, más que siempre, el camino a recorrer es conjunto, un camino de cambio. Promover y procesar los cambios, las transformaciones del modelo imperante, sin dudas priorizando aquellas situaciones de mayor urgencia, pero del conjunto y en todos los frentes.
El deterioro es tal que no hay salidas duraderas y firmes para algunos sí y otros no. No vamos a avanzar arreglando algunas situaciones y postergando otras porque el deterioro que viene provocando este modelo de país ha cruzado todos los niveles, clases y estamentos de la sociedad. El Uruguay no resiste más parches, y con expresa constancia de que es claro que no se trata de contradicciones o cuestiones antagónicas unas con otras, creemos que:
no se avanzará en el buen camino si se «arregla» la situación del agro, de las exportaciones, sin abordar la situación del consumo interno, del turismo o del comercio;
no se avanzará en el buen camino mejorando las pasividades, pero sin resolver los problemas del empleo y la producción;
no se avanzará en el buen camino tapando agujeros en la profunda problemática de la salud privada, pero sin encarar toda la atención de la salud en el país; con propuestas debidamente articuladas y procesadas, estudiadas y consensuadas, amplias y abarcativas, sin desdeñar los posibles avances parciales que se puedan ir logrando.
Porque también es cierto que hay situaciones donde esperar no es una opción.
Y porque, tal como iniciamos estos comentarios, está bien la forma de ajustar las pasividades. Es justo que trabajadores de ayer y de hoy transiten juntos este camino de sus ingresos salariales que hace más de una década los propios jubilados y pensionistas promovieron. Esta bien política, filosófica y técnicamente. Lo que esta mal no es esto.
Lo malo es cu
ando se busca torcer la voluntad popular, chicanearla, mentirla con leyes y decretos, cuando los Gobiernos se cortan por el camino de las políticas en contra del pueblo. Lograr que nadie tuerza la voluntad popular, que los Gobiernos no hambreen al pueblo para salvar los desastres que hacen. Eso es lo que hay que lograr. *
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