Un principio fundamental

«En concreto, nosotros no queremos ir a Corea a combatir contra quienes heroicamente pugnan por su derecho a ser libres. En la hora, ellos son los artiguistas de allá, igual hicimos aquí nosotros, antes, contra los invasores».

L.A. de Herrera 5.3.l95l

En 1951 los Estados Unidos enviaron al entonces subsecretario de estado para América Latina, Edward Miller, con el objetivo de tomar contacto directo y personal con diversos gobernantes de países americanos. La misión era lograr representaciones militares de países latinoamericanos a efectos de prestigiar la causa norteamericana y combatir contra Corea comunista. Estados Unidos pretendía arrastrar a toda América Latina tras de sí, y para ello organiza una reunión en Washington, donde Colombia, Brasil, Paraguay y Uruguay presentan una moción de Ayuda Mutua que implicaba el envío de tropas sudamericanas a la guerra. Colombia –por ejemplo– envió tropas. Pero para el caso de nuestro país la cosa se complicó. El subsecretario Miller llegó a Uruguay y su gestión prosperó. Es decir, tenía todo arreglado con el presidente Luis Batlle Berres y las jerarquías militares, en cuanto a los detalles de la participación uruguaya. Sin embargo, Batlle Berres en su última entrevista con Miller, le advirtió que no estaba todo resuelto hasta no lograr el apoyo del doctor Luis A. de Herrera, «que aunque no ocupaba posición pública alguna –en ese momento– poseía autoridad».

De ese modo llegó el turno a la entrevista del funcionario de la Casa Blanca con Herrera en presencia del ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país. La entrevista está en los anales del nacionalismo en actas de su Directorio de fecha lunes 5 de marzo de l95l, relatada por el propio Herrera. Entre los muchos conceptos que le escuchó el señor Miller a Herrera, este fue el que quedó para la historia: «Yo soy de los de antes. De lo que estoy seguro es que con mi firma no sale ningún criollito a pelear contra ese pueblo que defiende su libertad».

La negativa de Herrera obviamente abortó el envío de tropas uruguayas a lejanos confines del planeta, a jugar el triste rol de pajes del imperio de la intervención. Sin embargo es menester señalar que Batlle Berres como máxima jerarquía de la nación resolvió la instancia como lo hace un estadista, escuchando al adversario de todas las horas, quien por su representatividad «poseía autoridad».

Esta crónica nos recuerda que la política internacional de nuestro país es competencia del Poder Ejecutivo, pero por sobre todo –por concernir al país entero– debe tener el máximo de apoyatura política. *

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