Sacapuntas

Excesos

Cuando, ya de regreso, veo a decenas de personas bajar a la playa, en muchos casos con tiernos niños en brazos, a quemarse durante las peores horas bajo el peor sol que el agujero en la capa de ozono nos depara, siento que algo está mal.

Es la misma sensación que me agobia ahora, cuando descubro que, pese a las reiteradas y severas advertencias, hay quienes todavía compran y consumen las almejas, mejillones y berberechos contaminados por la marea roja nuestra de cada año.

¿Acaso la imprudencia es hija de la falta de información? Claro que no. Nunca se ha dicho tanto, ni con tanto detalle, acerca de lo que no debe hacerse con el sol que puede producir cáncer de piel o con los moluscos cuya ingestión puede acarrear la muerte.

Umberto Eco ha dicho que, en realidad, estos absurdos son causados por lo que él llama «nuestra conciencia infeliz».

Vayamos por partes, lector.

Hay un exceso de información que proviene esencialmente de la aluvial y tan entretenida televisión. Allí se alude a lo dañino que puede ser el sol entre las diez y las dieciséis horas y a lo malo que es comer alimentos contaminados. Pero se alude también, y mucho, a los lentes, sombrillas y untaduras capaces de defendernos de todo y a las gotas, pastillas o yuyos milagrosos que hacen que, pese a los excesos, nuestro cosmos gastrointestinal vuelva a la normalidad.

Entonces, por esa «conciencia infeliz» social, y para hacernos olvidar lo malo de algunas cosas, acerca de las cuales, no obstante, hay mucha información, nos repiten demasiado «el sol es vida» o «la carne del mar es mejor», y nos apabullan con apelaciones a fórmulas maravillosas que nos resguardarán y nos harán exclamar, alegres, «ta’todo bien».

Qué va a estar.

Yo digo que, al menos en esto de las maravillas protectoras, son recomendables la prudencia y la desconfianza. Como aquellas del gaucho Rodríguez, del cuento de Espínola, a quien el diablo intenta seducir con mil artilugios y, al cabo, le pregunta qué le parece. Y Rodríguez, desde su escepticismo simple, contesta: –¿Eso? Mágica, eso… *

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