Los amigos son los peores
Las crónicas que se refieren a la alegría del presidente de la República, Jorge Batlle, por una presunta llamada del subsecretario de Asuntos Internacionales del Tesoro de EEUU, John Taylor, anunciándole a nuestro embajador en Washington, Hugo Fernández Faingold, que lo recibiría para analizar las «diferencias» de nuestro equipo económico con el Fondo Monetario Internacional (FMI), realmente nos provocan vergüenza ajena.
Al parecer el funcionario del Tesoro recibirá hoy a Fernández Faingold, con el fin de analizar qué soluciones puede tener Uruguay, cerrada la vía del FMI, luego de que el presidente de la República le enviara un mensaje a «su amigo», el presidente George Bush. Este tipo de mecanismo no es nuevo. Cuando arreciaba la crisis financiara y los bancos eran vaciados rápidamente, incluso por los propios banqueros, habiendo «quemado» el gobierno las reservas monetarias y desfondado a la Tesorería, se debió recurrir al «amigo» del norte. Claro, un personaje como Bush, exige a sus amigos pruebas de fidelidad bastante pesadas, como la de votar contra Cuba en la reunión sobre Derechos Humanos de Naciones Unidas. El episodio fue más que bochornoso y derivó, insultos mediante, en una ruptura de relaciones con la isla.
Esa prueba de fidelidad determinó que el gobierno norteamericano gestionara y financiara un crédito puente de 1.500 millones de dólares para que Batlle y Bensión continuaran con su infinita asistencia a los bancos. Ese hecho molestó vivamente al FMI que temía que el gobierno uruguayo no pudiera hacer frente a los vencimientos de la deuda externa, que hoy está prácticamente igualada (1 a 1) con el disminuido Producto Bruto Interno (PBI).
Ante una nueva discrepancia con el FMI, el presidente Batlle utiliza el mismo método, llamando a sus «amigos» en Washington, puenteando al FMI y ello, por iniciativa propia o del golpeado equipo económico que en soledad maneja los resortes de la economía, provocando una recesión que ya está ingresando en su quinto año.
Hay amistades que sirven y otras que matan. Que Batlle crea que con el fin de sortear los cuestionamientos del FMI el camino para Uruguay es recurrir a Bush, pone al país en una posición incómoda: deber favores personales que, además, pueden quebrantar aspectos de nuestra política exterior. Parecería que no es lo mejor.
Habría que requerirle informes sobre este hecho al ministro responsable del área. Uruguay es un país soberano, elemento esencial que hay que defender a cada momento, especialmente por las características del mundo globalizado en que vivimos.
Por ello, este tipo de gestión –más allá del resultado que tenga– debe ser evitado. Porque, además, en ocasiones algunos amigos son los peores. *
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