Uruguay puede

Nuestro país vive un momento especial de la historia que requiere un viraje, una inyección de confianza y optimismo para reemprender un camino de integración y consolidación.

Uruguay está fatigado, fracturado, en proceso de desintegración social y muy desanimado.

Lo peor de la crisis no es sólo el factor material sino el ingrediente moral, asistimos a un decaimiento y bajón espiritual.

Si el arco plural izquierda-progresismo quiere imprimir un viraje a la situación nacional debe imbuirse de un espíritu capaz de concretar un proyecto nacional que arraigue en amplias mayorías.

El 32º aniversario de la fundación del Frente Amplio es una buena oportunidad para una puesta al día de este objetivo democrático, de carácter avanzado, transformador e integrador.

El doctor De Posadas, a quien no se le puede desconocer frontalidad en la exposición de sus ideas, reconoce que el liberalismo ha perdido su hegemonía o su «atractivo generalizado».

Se pregunta si asistimos al fracaso del liberalismo.

Es que la oleada de protestas frente a la miseria generalizada que la aplicación neoliberal del «Consenso de Washington» ha llegado a niveles superlativos.

Lo gana la nostalgia y recuerda sus paradigmas personales de líderes liberales, «A excepción de algunos dirigentes liberales como Thatcher y Reagan que supieron transmitir el liberalismo, los liberales tienden a un discurso diciplinario y por ende poco simpático, poco atractivo.»

La falta de simpatía y de atractividad, no está en las imágenes personales sino en las consecuencias nefastas de un modelo económico concentrador, excluyente y que ha sembrado la injusticia y el desempleo por el mundo entero, del cual Uruguay no es una excepción.

Por eso ha llegado el momento histórico de cambiar la pisada, de abrir camino a una década de cambios productivos, sociales, educativos, culturales y morales.

Apoyarnos en lo mejor de la historia nacional e incursionar en los desafíos del Siglo XXI con firmeza y amplitud de miras.

La sociedad uruguaya está lastimada, dividida y en retroceso. ¿Seremos capaces de proyectar un Uruguay nuevo y posible, parte de un proyecto regional de integración partiendo del Uruguay real contemporáneo?

Para eso tenemos que proponernos unir a la sociedad, en sus grandes mayorías, hoy postergadas y darles un poderoso estímulo moral.

Una escala de valores donde el ser humano sienta que es el centro del proyecto y que de su participación depende el éxito de la empresa.

Una sociedad donde el trabajo es condición indispensable.

Una sociedad que privilegia la Educación para insertar al Uruguay en la sociedad del conocimiento. Una sociedad donde se implante un sistema de innovación nacional capaz de articular sistema educativo, sistema productivo y Estado en una circularidad permanente.

Una sociedad donde la ética preside los actos de gobierno y la ciudadanía perciba que frente a la crisis los primeros en dar el ejemplo son los gobernantes y no hay lugar para amiguismos ni corruptelas.

Quien tome la iniciativa será capaz de consolidar una nueva mayoría política que está grávida en nuestra sociedad.

Critiquemos lo negativo del actual modelo, sus llagas, pero hagamos mucho esfuerzo en conjuntar voluntades para el proyecto del cambio.

Aquí reside uno de los ejes del debate: ¿cuál es la mejor forma de acumular fuerzas?

El 32º aniversario del Frente Amplio puede ser una buena oportunidad para desplegar esa imagen de la izquierda capaz de congregar todo lo sano y progresista para restablecer la confianza en que el Uruguay puede cerrar esta etapa de declinación y abrir paso a un nuevo tiempo de trabajo y esperanza.

Presidido por los valores de la solidaridad, la justicia social, la equidad y la participación; que cierre la brecha entre lo social y lo político.

Con mucho trabajo y tesón, ideas y propuestas, ética y moral.

Pleno de humildad, sin soberbia ni triunfalismo.

Con el corazón a la izquierda pero buscando convencer al país. *

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