La irrealidad como camino

Las versiones trascendidas en los medios de prensa sobre la negociación que culminará en Washington nuestro gobierno con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por su dosis de irrealidad e insensibilidad sobre la situación social en el país, es realmente preocupante. En primer lugar debemos decir que pocas veces se ha asistido en el país a una estrategia que sólo apunta a cumplir con el endeudamiento externo, sin atender en ningún aspecto de una política de reactivación económica que podría servir para que el país creciera y el gobierno, sin tener que realizar tan negativos malabarismos financieros, podría hacer frente al voluminoso endeudamiento.

El gobierno del doctor Jorge Batlle durante la crisis financiera que azotó al país en 2002, dio suficientes y nefastas muestras de irrealidad, las que tememos que ahora se han comenzado a repetir, peligrando el país a caer en default y, posiblemente, comenzar a gestarse una nueva crisis financiara sobre la que ya se visualizan varios elementos que la pueden desencadenar.

Uno de los elementos fundamentales que maneja el gobierno para poder hacerse de divisas y cumplir con los vencimientos externos, es la puesta en venta, semanalmente, de letras en dólares con intereses –como la plaza requiere– fuera de todo nivel. El Banco Central estaría dispuesto a pagar intereses desde el 6 al 14 por ciento a corto plazo, cifras absurdas en las dos puntas, que nada tiene que ver con las que se fijan en el exterior donde no superan el 2 por ciento. El mecanismo ideado por el equipo económico es hipotecar el futuro para cumplir en el corto plazo, pero sin tener la más mínima idea sobre lo que ocurrirá en el mediano plazo, cuando todo este endeudamiento que se pondría en marcha se deba a pagar en el vértice de su volumen.

Además, para cumplir con esa política, es necesario que el déficit fiscal se reduzca a niveles nunca alcanzados por el país, para lo que ya se está concretando el achatamiento, al máximo, de los gastos del Estado, congelando salarios y jubilaciones, además de reducir los gastos y las inversiones de los organismos oficiales a niveles peores a los actuales. El lector podría imaginarse qué pasará en Salud Pública recibiendo menos recursos para medicamentos y gastos operativos.

Para ello también, por el otro lado, se multiplica de manera el abrumador peso del Estado sobre la población, vía imposiciones y aumento de las tarifas que, en todos los servicios, ya son las más altas del continente.

A esta altura –más allá del resultado que tenga en Washington la negociación con el FMI– parece atinada la posición compartida entre el Encuentro Progresista y el Partido Nacional que, plantean, una inmediata reestructuración de los pagos de la deuda externa, camino que debe –afirman– ser el resultado de una política de Estado.

Sorprendentemente esa posición negociadora es coincidente con el planteo de los técnicos del FMI, que para nada confían en la estrategia gubernamental y, luego de endurecer su posición durante los últimos días de su misión en Montevideo, deben encontrarse más que molestos por la actitud del presidente Batlle, que pretende utilizar la influencia del presidente de EEUU., para que el organismo multilateral de crédito libere fondos por 390 millones de dólares que tendrían como destino el alivianar y hacer menos ostensible el déficit fiscal que, a fin de año, rondó el 5 por ciento del PBI, y cumplir con el pago de vencimientos de la deuda, inclusive intereses, que expresamente en los acuerdos con el FMI deben estar a cargo de los gobiernos contratantes.

El futuro del país continúa siendo oscuro. El gobierno sigue sin entender que el único camino que existe para salir de la crisis, es tratar de quebrar el espinazo del proceso recesivo, reactivando la economía. Es una política que no es la del FMI, que plantea como mecanismo el remachar los ajustes recesivos, política trágica para los pueblos que, obviamente, el propio organismo multilateral de crédito no plantea para los llamados países centrales.

EEUU es el ejemplo de ello, ya que ante cada crisis aplica políticas anticíclicas, mientras que el FMI insiste, pregona y nos impone las cíclicas, destinadas a que sean los pueblos, con su hambre y marginación, los que paguen el ajuste. *

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