La refundación nacional y las urgencias populares
El desafío de la refundación nacional tiene varias aristas, pero si se pierde la globalidad de la propuesta se puede caer en errores importantes e incluso hipotecar el rumbo que debe tomar el país en un futuro.
El solo hecho de establecer que estamos ante la hora de la refundación nacional, implica que reconocemos que vivimos no sólo el quiebre del modelo neoliberal que ha llevado al país a esta encrucijada, sino que además estamos ante una sociedad que ha quedado herida en lo más profundo de su ser, porque siente que su propia existencia está en cuestión.
El país no va a salir adelante con la tozudez neoliberal de los últimos gobiernos, pero tampoco creyendo que todo tiempo pasado fue mejor. El Uruguay saldrá adelante si creamos un nuevo sueño, una nueva idea de patria y de convivencia social –aspirando a un horizonte distinto–, que tendrá mucho de historia pero que deberá tener mucho más de novedad, que no es lo mismo que novelería.
Necesitamos un proyecto político de nuevas mayorías democráticas que contenga en sus raíces las ideas de la justicia social, de la ética de la austeridad y de la eficiencia para poder insertarnos en este mundo. El problema que tenemos es que este modelo que agoniza, en su propio derrumbe va dejando la huella de la antítesis de las raíces de nuestro proyecto. Es que los gobiernos de Jorge Batlle y de Julio María Sanguinetti son la síntesis de la antijusticia social, contrarios a la ética de la austeridad y amigo de la ineficiencia. Los efectos de la desocupación, la pérdida salarial, los recientes aumentos en las tarifas públicas no sólo están llevando a la mayoría de los uruguayos a vivir en condiciones paupérrimas, sino que están poniendo en cuestión una posible reactivación económica. En ese solo acto salvaje de aumentar promedialmente las tarifas por encima del 10%, se cuestiona la viabilidad de todo el mundo del trabajo. A la vez se va golpeando a distintas capas de la sociedad, donde los más débiles son los que primero caen: pocos con posibilidades de levantarse en un mediano plazo, la mayoría mucho más adelante, sin certeza de cuándo.
Estamos ante una desestructuración de la sociedad, que existe por la desestructuración de la economía. Hoy no podemos hablar livianamente del «problema obrero» o que «el problema funcionario estatal» se resuelven de tal o cual manera. Esta realidad, para una fuerza de izquierda y progresista, no es un tema menor. Diría más: es el mayor desafío que tenemos por delante para poder ganar el gobierno y refundar el país.
La derecha de este país, especialista en montar falsas contradicciones a la hora del debate, ha jugado todos sus boletos a responsabilizar de todos los males a los funcionarios públicos y también a otros trabajadores de la actividad privada, particularmente a aquellos que puedan estar cobrando salarios por encima de la mitad de la canasta básica familiar.
El país está en crisis, se necesitan recursos, bajemos los salarios de todos, porque así también bajamos las jubilaciones, parece ser la única propuesta de colorados y blancos. Y si no se pueden bajar, se aumentan las tarifas públicas y se comienza a trabajar sobre la generalización del IVA. Eso sí: jamás ir a buscar los recursos a los grandes propietarios del capital improductivo, por ello negándose al Impuesto a la Renta para afectar los privilegios de sus servidores. No podemos aceptar el desconocimiento de todos los derechos laborales, la congelación y la rebaja salarial, el aumento de las tarifas públicas, la congelación de las jubilaciones, como manifestaciones de un nuevo ajuste fiscal. A la vez tenemos que construir, sin imponérselo a nadie, una nueva conciencia solidaria basada en la ética de la austeridad, que permita que el mundo del trabajo encuentre puntos de mutuo apoyo para lograr una salida colectiva que vuelva a reestructurar a la economía y a la propia sociedad.
Parece importante, en este sentido, la iniciativa del PIT-CNT planteada al nuevo ministro de Trabajo, procurando la reinstalación de los consejos de salarios y las negociaciones colectivas. Si se logra avanzar en esto, trabajadores y empresarios van a salir fortalecidos.
También habrá que poner un mayor acento en la emergencia social, donde los comedores escolares están sirviendo almuerzos con apenas seis pesos, cuando estudios de los propios organismos de la enseñanza señalan que se necesitan más de ocho pesos por niño. Para ello habrá que fortalecer la red de escuelas del sistema público, que es el corazón de la asistencia a la niñez, sin olvidar los jubilados y pensionistas, la salud y los desocupados.
Si el país no se dispone a mejorar la calidad de vida de los uruguayos, que se verá agravada en el invierno cuando aumenten los gastos de los hogares, vamos a vivir horas muy complejas del punto de vista social, que seguramente profundizará la desestructuración de la sociedad, que es una enfermedad muy grave para el país y para cualquier salida progresista. *
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