El paro ganadero
GUSTAVO GUARINO
Se viene desarrollando lo que ha dado en llamarse «el paro ganadero», que consiste en el no envío de ganados a los frigoríficos hasta el 31 de enero por parte de los productores agropecuarios.
La concreción de la medida ha sorprendido a muchos y alarmado a otros tantos; ya que, si bien es habitual que las gremiales agropecuarias hagan reclamos, no lo es el hecho de que atrás de esos reclamos tomen medidas de fuerza. Lo tradicional en el sector es que sus reclamos se negocien en los círculos del poder, corriendo suerte diversa según la voluntad de los gobiernos de turno y de los dirigentes que negocian. Si juzgamos por los resultados, este mecanismo no ha logrado resolver el grueso de los problemas del sector, entre ellos el del endeudamiento.
Sabido es el vaciamiento de productores que se ha operado en los últimos años en el país. Entre negociación y negociación, miles de productores han perdido sus tierras y tenido que emigrar a las ciudades, por la vía directa de las ejecuciones judiciales, la mayoría obligados por las circunstancias. Para ejemplificar esto no es necesario remontarse a mucho tiempo atrás; datos del BPS nos indican que entre el año 2000 y 2002, se fueron del campo o dejaron de estar registrados en aquel organismo, 10.601 trabajadores rurales y 9.179 patrones. La magnitud de las cifras hablan por sí solas. Si analizamos la característica del endeudamiento agropecuario, también llegamos a conclusiones alarmantes; hasta la mitad de la década de los ´90, era del orden del 40% del Producto Bruto Agropecuario (PBA); a partir de ahí fue creciendo y hoy alcanza valores superiores al 90% del PBA. En la base de ese endeudamiento está el atraso cambiario y la enorme transferencia de recursos que el sector realizó al resto de la economía, sin que la mayoría de los dirigentes de la época dijeran nada. Hoy todos coincidimos en que, en la actual coyuntura, el sector debería cumplir un papel fundamental para la reactivación productiva del país; para eso se hace necesario levantar una restricción estructural como es la del endeudamiento y la falta de crédito.
Por eso no nos sorprenden las nuevas modalidades de lucha que hoy se plantea la Federación Rural. En todo caso lo sorprendente es que no se hayan tomado antes medidas más activas, porque esta situación no sólo se da en la ganadería; es igual o aún peor en los sectores agrícolas, en la granja y en la lechería. El éxito que la medida impulsada por la Federación Rural tenga es incierto; pero me atrevo a afirmar que algo ya ha logrado: ha puesto el tema en primer lugar en el orden del día de la vida política del país, la Comisión Permanente del Poder Legislativo ha creado una comisión especial que ya ha convocado al ministro de Economía, al de Ganadería y al presidente del Banco República, y en los próximos días convocaría a las gremiales agropecuarias para buscar una fórmula de solución; se ha acelerado la concreción de un conjunto de medidas que el Ministerio de Economía está dispuesto a instrumentar; medidas estas que si bien son insuficientes, pueden servir de base para un futuro acuerdo o para la concreción de una ley que resuelva definitivamente el problema.
Debemos recordar que hace unos meses, el MEF no estaba dispuesto a discutir nada sobre plazos y tasas de interés; con el Cupón Cero y los reperfilamientos daban por concluido el tema.
Pensamos que, fruto de las movilizaciones de los productores, ha ido madurando la posibilidad de una solución legislativa. Hoy hay en el Parlamento varias iniciativas que, junto con la última propuesta del Ministerio de Economía, pueden servir de insumos básicos para una solución que contemple realmente las posibilidades de pago del endeudamiento por parte de los productores.
Si se aplica el mismo espíritu que se utilizó para solucionar por ley el temas de los bancos suspendidos, estaremos cerca de soluciones de consenso y dando un paso muy grande para poner en marcha una de las locomotoras con que cuenta el país. Si no se logra ese objetivo, acumularemos una frustración nacional más y abriremos más las porteras para que los inversores de ocasión desde los lobby de lujosos hoteles montevideanos se sigan quedando con nuestras vacas y nuestras tierras. *
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