Diferencias políticas, no técnicas
Las diferencias que un gobierno puede tener con el Fondo Monetario Internacional (FMI), no son mayormente técnicas, sino políticas. Es evidente que en materia de técnica económica las propuestas de este organismo son claramente irrealizables y, los países que las aplican en todos sus extremos, como de alguna manera intenta hacer Uruguay, obtienen la destrucción de sus economías.
En Uruguay el camino recesivo que el FMI y el gobierno impulsan, no tiene la más mínima posibilidad de prosperar. Y, para colmo, los técnicos del organismo tienen el tupé de discrepar sobre la aplicación de algunas políticas que se aprobaron, luego de un trabajoso y largo proceso político. Sabemos que la creación del Nuevo Banco Comercial y, también, la reapertura del Banco de Crédito, todavía muestran incógnitas que se irán aclarando en el tiempo. También sabemos que muchos economistas han discrepado con esa salida que puede ser imperfecta pero que, por una vez, reunió la voluntad de los partidos que apoyaron al gobierno y la de la oposición, contando además con la opinión favorable de la Asociación de Bancarios del Uruguay que, por este camino, estima defender los puestos de cientos de trabajadores.
¿Qué queremos decir con ello? Que, obviamente, es lícito que economistas como los doctores Ramón Díaz o Ignacio de Posadas no crean en esa salida y lo expresen, polemicen sobre sus virtudes y sus defectos, tracen visiones del horizonte de mediano plazo en donde, según sus opiniones, se avistan nubarrones de tormenta. Lo inaceptable es que técnicos del FMI, a los que el Premio Nobel de Economía 2001 Joseph Stiglitz motejó como «economistas de tercera línea», tengan el tupé de criticar (lo que es relativamente grave), pero también tratar de cambiar (lo que es inaceptable), la que es una política soberana del país, como si, por su «santa» opinión, estuvieran en condiciones de hacer o deshacer.
Esto ocurre porque han encontrado en sus interlocutores a mediocres personajes que siempre actúan a favor de los vetustos e inaplicables lineamientos de ese organismo y, de antemano, impulsan la adaptación de las políticas locales a los posibles criterios manejados por los tecnócratas visitantes. Esa actitud de estos colonizados ideológicos y por la coincidencia que dichas políticas tienen con el pensamiento del propio Presidente de la República, es que está bloqueado el camino del desarrollo productivo. Siguen favoreciendo la profundización de la política recesiva, que está en línea con las más profundas convicciones políticas del FMI.
En esta línea de argumentación el economista brasileño Theotonio dos Santos, en la última edición de «Bitácora», analiza el caso de Argentina, indicando que allí el ministro de Economía, Roberto Lavagna, resolvió desafiar a los técnicos del FMI, declarando que las diferencias entre los economistas argentinos y el FMI no eran técnicas sino políticas. Ello –cuenta– mereció una airada respuesta de los técnicos del FMI, según los cuales se trataba fundamentalmente de diferencias técnicas. Sin embargo ante la situación y la firmeza de Argentina, que se expresó en una suspensión del pago de vencimientos externos con los organismos multinacionales de crédito, el Consejo del FMI determinó un acuerdo. Los desmoralizados técnicos que analizaban la situación en el vecino país tuvieron que reconocer la corrección de la propuesta argentina y negociar su puesta en marcha,
En este caso se demostró que la técnica económica nada tuvo que ver. Los delegados del FMI negocian a favor de intereses concretos, aplicando una receta remanida e inviable que tiende, en todos los casos, a lograr la enajenación de los activos que todavía están en manos de los países, aplicando como esquema general de política recesiva.
Dicen que hay que alinear la política fiscal a las posibilidades reales, achicando el peso del Estado, como si ello fuera posible de un plumazo. Quieren reducir el déficit fiscal –como cree también nuestro gobierno– congelando sueldos y jubilaciones, multiplicando además las tarifas públicas. Mecanismo perverso, si los hay, con el cual se actúa contra el país y que, evidentemente, no tiene ningún aspecto vinculado a la «técnica» económica.
Es sólo política y de la peor. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad